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Evolución tecnológica y universal

Soy un lector de ciencia ficción. No leo mucho últimamente, lo cual quiero remediar, pero uno no tiene tiempo para todo lo que le gustaría hacer…

La cuestión es que he llegado a la conclusión (y no soy, ni mucho menos, el primero) de que la humanidad es el puente entre un mundo biológico y la auténtica inteligencia, que será totalmente artificial.

Antes de que me tachéis de flipado, hay que considerar nuestro mundo desde una perspectiva muy amplia. Hay que quitar mucho zoom. Veamos. Voy a hacer un pequeño ejercicio mental: considerar la realidad como un todo, y voy a hacer zoom hasta alcanzar nuestra situación actual como personas.

Según creemos, el universo se… “inició” hace 13.700 millones de años. La cifra se conoce o cree conocer con bastante exactitud. Al principio, no tenía nada que ver con como es ahora. No voy a ahondar en esto porque queda fuera del tema, y quiero concentrarme en algunas cifras. Así que nuestra primera cifra es 13.700 millones de años.

Hace 4.550 millones de años, se forma nuestro planeta. Tampoco es como lo conocemos ahora, pero es, digamos, el siguiente gran acontecimiento necesario para que surjamos (sin entrar en detalles, también necesarios, que ocurrieron antes).

La vida empezó hace unos 3.800 millones de años como resultado de una reacción química que, no se sabe aún bien cómo, fue capaz de producir algo que se autorreplicara. Esto es básicamente la vida tal y como la conocemos. Este acontecimiento podría no haberse producido nunca. Nuestro universo podría haber seguido siendo totalmente muerto, biológicamente hablando. Interacciones gravitatorias, electromagnéticas, todo tipo de astros, para la final acabar en un Big Crunch o Big Frezee o Big Rip. Lo que sea, pero sin vida. O quizá, por otro lado, ésta era inevitable.

De cualquier modo, era vida unicelular. Sorprende mucho cuando, al leer, uno encuentra que los primeros organismos multicelulares surgieron hace ¡610 millones de años! Incluso la gente interesada por estos temas solemos pasar de largo cuando nos ponen fechas, pero esta en concreto es muy sorprendente. Teniendo en cuenta cuándo surgió la Tierra y haciendo un par de restas descubrimos que a la vida le bastaron, “sólo”, 750 millones de años para aparecer. Pero para pasar de ser organismo unicelular a ser organismo multicelular le llevó nada más y nada menos que unos 3.200 millones de años.

Esto quiere decir, simplemente, que la vida podría haber seguido siendo unicelular para siempre. Es más fácil que aparezca vida simple a que ésta empiece a ser algo compleja, multicelular en este caso. Siempre que se habla de lo raro que es que aparezca vida y de lo guay que es la evolución parece que se obvie esto: aún más difícil es pasar de unicelular a multicelular. 3.200 millones de años con vida unicelular sobre la Tierra, es dos terceras partes de su vida total. Muchos días y muchas noches sin más que un caldo de cultivo brutal en los mares.

Esto nos hace preguntarnos no sólo qué acontecimiento extraordinario inició la vida. Hay otro todavía más extraordinario, atendiendo a las cifras, que tuvo que convertirla de unicelular a pluricelular. Pero no nos vayamos del tema.

Aquí empieza lo bueno si has tenido paciencia de leer hasta aquí.

Nos ha llevado mucho tiempo de ser unicelulares a pluricelulares. Pero no nos va a llevar tanto crear las primeras plantas y animales simples: unos 500 millones de años atrás. De forma muy rápida van a surgir formas de vida. Luego extinciones. Luego otras formas de vida. Luego más extinciones.

Tras esto, surgen más formas de vida, entre las cuales estamos nosotros. Aquí empieza la historia humana.

Bueno, es de suponer que estas extinciones  (debidas a acontecimientos inevitables por los animales) al final deban de originar una forma de vida capaz de hacerles frente. De otro modo, la historia de la vida en la Tierra sería siempre de un grupo de animales superiores teniendo la supremacía, y luego una extinción, pasando el relevo a otros una y otra vez.

Las grandes extinciones son debidas a acontecimientos astronómicos o geológicos fuera de lo común: caída de meteoritos, explosión de supervolcanes, inversión de polos magnéticos… cosas que pasan cada muchísimo tiempo. Tanto, que entre tanto y tanto (valga la redundancia) a la vida le da tiempo a evolucionar de nuevo.

Bien. Llega un momento en el cual una forma de vida tiene más cerebro que las demás. Debido a diversos factores, es capaz de comprender mejor el mundo en el que vive. El salto es tremendo: comprendemos poco a poco la naturaleza de las cosas. Podemos construir cosas porque sabemos la resistencia de un material. Podemos “encajar las piezas” que hacen que algo funcione. Esto, ¿nos da finalmente el poder de frenar nuestra propia extinción, de nuevo, como especie dominante?

Hace falta inteligencia para parar un meteorito. Mucha. Es necesario un conocimiento de lo que ahora llamamos las 4 fuerzas fundamentales del universo, por ejemplo, para mandar una cabeza nuclear bestial y desintegrarlo. Un animal sin inteligencia no podría sobrevivir jamás a ello.

No quiero decir que nosotros podamos. Aún. Pero estamos en camino. No obstante, de nuevo me estoy adelantando.

Sigamos el tema de las fechas dentro ya de la historia humana, donde no ha habido evolución biológica perceptible en los últimos miles de años. ¿Qué es lo que nos diferencia de un ser humano del año 1.000 antes de Cristo? Probablemente casi nada. Biológicamente, digo. Si una persona de esa época, a la edad de 1 año, viniera a la nuestra, podría acabar siendo físico nuclear, astronauta o portero de discoteca, tan bien o mal como cualquiera de la nuestra.

Por lo tanto, hemos de aceptar que nuestra gran ventaja, a parte de la inteligencia en sí, es que somos capaces de transcribir nuestra información de forma que sobreviva a nosotros. Esta reflexión es importante porque ningún animal puede hacerlo, tampoco. De hecho, por eso tenemos lo que llamamos “historia”. La historia no es más que experiencia durante un periodo de tiempo muy largo, escrita. Así pues, los seres humanos no solo heredamos los rasgos genéticos como única información de nuestros progenitores: heredamos sus conocimientos. Nuestra evolución biológica ya no es la principal herramienta de cambio, otra gran diferencia con respecto los animales.

Puede parecer trivial y absurdo hacerlo notar, pero es algo esencial para nosotros. Ser capaz de extraer algo de un cerebro, encriptarlo en símbolos (escribirlo) y que otro individuo sea capaz de entenderlo incluso milenios después de que su creador haya muerto nos da cierto poder de inmortalidad. Se puede decir que nuestra sabiduría común es inmortal, siempre y cuando haya sujetos que la entiendan y vuelvan a escribir, mejorándola quizá.

Esto podría haber tomado otro cariz. Al igual que la vida no tiene por qué haber surgido, y al igual que no tiene por qué haber pasado a ser multicelular, y al igual que no tendríamos por qué haber sido inteligentes… nos podríamos haber quedado atascados en una edad medieval infinita (o al menos mucho más larga).

Ya entrando en lo que a tecnología se refiere, es curioso cuando uno piensa en los pocos adelantos que hubo entre, por ejemplo, el año 1.000 antes de Cristo y el 1.500 de nuestra era, hace solo 500 años. Todavía no habíamos terminado de descubrir todo América. No existía la tecnología tal y como la conocemos hoy día. Los adelantos eran mínimos: incluso mejorando enormemente cosas como la navegación, la cuestión es que también se hacían barcos hace 2.500 años.

Consideremos ahora periodos más cortos. Desde el 1500 hasta el 1800, o siglo XIX entero para coger más rango. En solo 300 años pasamos de dibujar mapamundis a empezar a meternos en la revolución industrial: el inicio de la mecanización.

Ahora cojamos un periodo aún más corto. Si antes eran unos 300 años, ahora solo 100. Siglo XX. Aquí incluso hemos nacido muchos de nosotros. De trenes y fábricas, pasamos a la automatización casi total. A volar. A viajar a otro objeto celeste distinto a nuestro mundo: la Luna. A la era de la información automatizada, incluso: la informática. ¡Todo en únicamente 100 años!

Cojamos ahora un periodo de tan solo 13 años. Del 2000 al 2013. Claro, todavía no vamos por ahí en coches voladores ni nos teletransportamos. Pero considerad la revolución de los móviles. Del ocio interactivo como nuevo arte. De los ordenadores y tablets. De Internet. Joder, si hasta lo escribimos en mayúscula: Internet. Y “universo” en minúscula. Parece que hayamos inventado a Dios.

Una vez hecho este zoom histórico, desde la creación del universo, de la Tierra, de la vida, de organismos multicelulares, de animales inteligentes, de la historia como añadido a la herencia genética, y finalmente de tecnología automatizada, podemos imaginarnos una barra de progreso. De izquierda a derecha. Imaginemos marcas para cada acontecimiento que realmente cambia algo importante en la evolución de la materia y la información (desde el punto de vista universal, no solo humano).

Uno llega a la conclusión de que estamos en medio de algo que está acelerando a marchas forzadas. Eso es el presente tecnológico: el siguiente gran paso evolutivo, no nuestro, si no del universo.

Creo firmemente que el ser humano, en pocas generaciones, entrará en lo que se denomina una singularidad tecnológica. Y este es el punto al que quería por fin llegar. Pero ponerme a escribir sobre él sin reflexionar sobre los antecedentes, no nos podía poner en el contexto correcto.

A la hora de hablar sobre la singularidad tecnológica uno ha de ser muy cauto. Es muy sencillo, por ejemplo, afirmar que no ocurrirá obedeciendo a leyes muy humanas de oferta y demanda. De la misma forma hay quien opina que lo veremos en menos de 20 años, hagamos lo que hagamos.

Yo, como en otras tantas cosas, tengo una visión moderada. Creo que ocurrirá, pero al igual que con la formación de la vida, el paso de vida simple a la multicelularidad (si es que esa palabra existe), el paso a la inteligencia, el paso de una era muy larga de baja tecnología a una era de alta tecnología en menos de 2 siglos… creo que estamos ante otro de esos “escalones” que cuesta subir, aunque estemos acelerando.

En cuanto más lo pienso más lógico me parece. Incluso lo hemos vaticinado innumerables veces, con películas como Terminator o Matrix. Me parece el gran siguiente paso, que se tomará independientemente de que queramos o no, a menos que seamos MUY cautos. Al igual que la religión frenó la ciencia y tecnología durante milenios, unas reglas muy estrictas por nuestra parte podrían evitar el paso de la dominación de las máquinas. Porque al final, hablo de eso.

La pregunta obvia es: ¿por qué iba a ocurrir? ¿Cómo demonios va a ocurrir? Realmente no lo sé, y depende en gran medida de cómo funciona el universo. Únicamente intentando comprender cómo funciona el universo, en todos los niveles a la vez (lo cual no es nada fácil), uno ve el patrón. Os invito a haceros la siguiente reflexión como patrón que sigue el universo:

El universo parece premiar las formas que reducen la entropía en sistemas locales. Esta frase tan guay y cool, para entenderla, hay que saber primero lo que es la entropía. Aunque te invito a irte a Wikipedia para mirarlo, te diré que se trata de la cantidad de desorden que hay en un sistema particular. Se considera sistema cualquier cosa que no puede ser afectada por nada ajeno a ese sistema. Y cuando se habla de desorden, es una forma fácil de decir “capacidad de la energía de transformarse”. En cuanto más aumenta la entropía, más disminuye la capacidad de la energía de transformarse y generar un trabajo.

Lo voy a decir de otra manera que se entienda: considera una caja llena de un gas. La mitad está a una temperatura de 5 grados, y la otra mitad a 50. En ese momento está en un estado ordenado, con poca entropía. Además, se puede decir que almacena información. Bien, si le damos al botón de “simular” que tiene el universo, la temperatura del sistema tiende a igualarse. Aquí, la caja es un sistema cerrado porque estamos suponiendo que no puede ser afectada por la temperatura exterior (lo cual es en la práctica imposible si consideramos más cosas además de la temperatura). La entropía ha aumentado naturalmente. Se ha perdido información al homogeneizarse el sistema, al igual que un CD perdería información al alisar todas sus muescas o irregularidades.

Realmente el único sistema cerrado que existe es el universo, hasta donde conocemos. Dicho lo anterior una vez más y con distintas palabras, para que se entienda, la materia del universo tiende a adoptar formas lo más homogéneas posibles. Formas mezcladas. Formas indistinguibles unas de otras. Y dicho de otra forma: formas que no almacenan información, al no tener un estado diferenciado unas de otras.

Hasta aquí, en general. Ahora viene el “peeeero…”

Pero la vida es justo lo contrario. Somos grandes cantidades de materia ordenada en estados muy bien definidos. Somos grandes soportes de información. No importa si hablamos de vida unicelular, de un riñón o del mando de la tele: desde el punto de vista del universo, es materia ordenada. No está disgregada, y es relativamente resistente a la disgregación, que es a lo que el universo tiende. Volviéndolo a decir de otro modo: la vida y todos sus derivados permite reducir la entropía localmente.

No es posible reducir la entropía universalmente. Esto viola una ley fundamental de termodinámica (la segunda) y si fuera posible podríamos obtener energía gratis, por lo que podríamos dejar de trabajar y vivir la vida. Pero es posible hacerlo localmente. ¿Cómo? Fácil. Cuando yo escribo algo, como ahora, estoy reduciendo la entropía en… digamos un servidor de WordPress que no tengo ni idea de dónde está. No sólo eso: estoy reduciendo la entropía en todos mis lectores. Sus mentes ahora están imaginando las implicaciones de mis palabras y las están juzgando, porque no deberían aceptarlas sin más. Esta grabación de información, para no violar leyes fundamentales, requiere que se aumente la entropía de alguna otra manera: y lo hace. Estoy perdiendo calor por mis manos. Mi cerebro no deja de consumir oxígeno y azúcar entre otros. Oigo el ventilador de mi ordenador (cosa que no debería por cierto). El disco que graba estas palabras en su servidor, también genera calor. Y el calor, es una forma degradada de energía, la que más complicada es de transformar en algo útil. Por lo tanto, dentro del sistema cerrado del universo, ahora mismo yo y todo el mundo aumentamos la entropía. Pero localmente, la disminuimos.

“Vale tío, ¿pero para qué todo este rollo de la entropía? ¿Qué tiene esto que ver con lo del futuro megatecnológico superguay y tenebroso que decías?” Ahora va. Al igual que el tema de la evolución de la vida, es necesario comprender la naturaleza de la entropía para entender el motivo por el que creo que las máquinas tomarán el relevo.

Verás, hay formas más eficientes de hacer las cosas. Aunque siempre vayas a aumentar la entropía, puedes grabar información en una losa de piedra con un martillo, o grabar millones de líneas, en un segundo, con una disipación mínima de energía. Y como decía antes: “El universo parece premiar las formas que reducen la entropía en sistemas locales.” Esto es lo mismo que decir que al universo la gustan las estructuras. A todos los niveles. Aunque en general la entropía aumente, no dejan de surgir estructuras complejas en todos los niveles de realidad, todos los niveles de zoom que podamos imaginar.

Y da la casualidad de que las máquinas, basadas en electricidad y componentes de silicio y otros, son mucho más eficientes que los seres humanos, a la hora de reducir la entropía localmente.

He aquí el meollo de la cuestión. Lo que acabo de exponer en todo este troncho de texto, son hechos. De hecho, me apoyo en la definición más moderna de lo que es la vida (en concreto, la definición termodinámica). En cuanto más compleja es una forma que está sujeta a un posible cambio por evolución, más rápidamente se hace más compleja. Al final entra en un estado en el que da un paso tan grande que la forma anterior queda totalmente relegada a un segundo plano. Esto ha pasado con todo, siempre, y volverá a pasar.

Las únicas cosas que pueden ralentizarlo son catástrofes de fuerza mayor, que para esa forma aún no es posible evitar, o que las propias formas adquieran conciencia de que no desean el cambio. Ejemplos: la caída de un meteorito, o la Iglesia, respectivamente.

Llegados a este punto, lo que resta es intentar vaticinar qué ocurrirá si no se pone en marcha algo para evitarlo. Lo primero, es que estamos ante un escalón. Hay fuerzas que harán que esto no ocurra inmediatamente: fuerzas humanas. El ser humano se preocupa más por comer y sobrevivir que por otra cosa, más aún en época de crisis. Estuvimos a punto de sucumbir, además, ante nuestro propio descubrimiento del uso de la energía durante guerras mundiales. Ahora mismo, únicamente hay 2 campos que favorecen el cambio: la demanda (básicamente por modas) y la guerra.

Un ejemplo sencillo de la primera, es el teléfono móvil. De hecho, antes lo llamábamos “móvil” por acortar, pero ahora se ha convertido en un “móvil” de verdad. Lo que tenemos no es un teléfono. Es un GPS, barómetro, terminal con Wifi, reproductor de vídeo, música… etc. Un completo ordenador en tu bolsillo, con la tecnología que hace menos de 10 años estaba en una torre de ordenador de sobremesa (una prueba más de la aceleración). En el campo tecnológico realmente somos presa de la moda. No nos hace ninguna falta un terminal móvil. La gente sobrevivía y era la mar de feliz sin ellos. No obstante, una vez interactuamos con uno, nos es difícil dejarlo o no desear uno mejor. Toda la sociedad está atontada con los móviles, un servidor incluido. Esto hace que se destinen grandes cantidades de dinero a su desarrollo, lo cual contribuye, indirectamente, a la creación de la singularidad tecnológica.

Un ejemplo de la segunda (la guerra), es parte de otro escalón: la robótica. Actualmente los únicos que tienen recursos para investigar en un robot bípedo dinámico completo, que yo sepa, son los de DARPA. El objetivo, si no me equivoco, es tener soldados robot, a juzgar por el equipamiento y simulaciones que he visto en algunos vídeos. Hay muchos vídeos de robots bípedos, pero ninguno es realmente dinámico: saben andar sin más. Si les empujas, se caen. Este no.

No obstante, es la inteligencia software lo que creo que tomará el control. Ser físico genera problemas, y requiere aumentar la entropía tontamente. Una inteligencia puramente mental sería el gran triunfo del universo en su intento de reducir localmente la entropía. Al final, siempre hará falta algo físico que lo haga funcionar, pero el sistema buscará como minimizarlo. Es propio de la evolución premiar a las formas que con “mínima comida pueden hacer más cosas”.

Uno se pregunta, llegado a este punto, el objetivo de la vida. Yo, como creo en la definición termodinámica de vida, simplemente pienso que el objetivo es obtener vida que sea capaz de reducir el aumento constante de entropía aún más. Y como la inteligencia la reduce mucho localmente, al generar mucha información con mínimo desgaste energético, es lógico pensar que el objetivo de la vida es la inteligencia. Muchos biólogos diferirían con esto de inmediato, y no soy quién para negarlo, pero al no estar especializado en nada creo que una visión global es más acertada. Un biólogo se limitaría a decirme que las cucarachas son una forma de vida muy buena, que no requiere gran inteligencia (y que de hecho apenas ha evolucionado). Lo cual es muy cierto. Pero desde un punto de vista universal, llegará el día en que el Sol abrase la Tierra, dentro de otros 4.500 millones de años. A eso, nada podrá sobrevivir. Creo que si las cucarachas siguen sin evolucionar hacia una forma de vida que les permita escapar del planeta no tendrán muchas posibilidades de remediar su destino. Y si lo hacen, requerirán inteligencia.

Falta otra cosa en la que pensar y que se podría usar de argumento en contra de mi razonamiento: ¿Puede una inteligencia artificial tener la inventiva de un ser humano?

Vamos a ver: claro que sí. No nos engañemos. Pensamos que no simplemente porque aún no se ha conseguido y por pura vanidad humana. Lo que es la inteligencia, el “yo”, no es más que un patrón en el interior de tu cerebro, un patrón generado por la sinapsis de tus neuronas. Nada que no se pueda imitar con tecnología. Lo que pasa es que aún no sabemos cómo. Pero físicamente es totalmente posible. Y, ¿no es casualidad? Con los móviles estamos investigando cómo reducir microchips a lo bestia. Cómo meter más capacidad de procesamiento en un menor espacio. Justo lo necesario para solventar uno de los handicaps que hay para diseñar una inteligencia humana artificial.

La inteligencia, desde mi punto de vista, lo único que necesita es motivación. Uno no podría, aunque tecnológicamente fuera factible, hacer un cerebro artificial y darle al play: no haría nada. Nosotros, los seres humanos, tenemos motivaciones básicas que hacen que usemos nuestro cerebro: éstas son comer y reproducirnos. Otras necesidades, aunque esenciales, no requieren usar tanto el cerebro.

Una inteligencia artificial no tendría motivaciones a priori. Pero se podría programar para lo mismo que toda forma en el universo acaba por hacer: conseguir alimento y reproducirse. Siendo software, esto sería tremendamente fácil: únicamente necesitaría hacer los movimientos necesarios para conseguir la mayor electricidad posible y copiarse a sí misma las veces que considerase necesario, como un virus. No es difícil imaginar una evolución digital. No obstante, quizá no podría automejorarse por prueba y error, como ocurre con la vida biológica actual (ya sabéis, mutamos, y unas formas se ven más beneficiadas que otras, las cuales se reproducen más). Lo más seguro es que pudiera mejorarse conscientemente, o autoinducirse una prueba y error a sabiendas de que, en un subconjunto de sus copias, sería capaz de o bien gestionar más eficientemente su consumo eléctrico o bien el reproducirse.

Una conciencia global digital no es alocado, pues Internet actúa de forma parecida a una enorme red neuronal. Que “despierte” para mi es simplemente cuestión de tiempo. Alguien hará algo, lo intentará, o quizá algún virus informático sea capaz de fastidiarlo todo… no lo sé exactamente. Pero esto creo que es un salto muy grande, similar al de la vida multicelular. Dentro de nuestra escala de tiempo acelerada, no será cuestión de unos pocos años… es posible que sí, o es posible que haga falta 100, o 200 años. Al estar metidos de lleno en la aceleración tecnológica, no tenemos ni idea de cómo será la sociedad en ese tiempo. No sabemos qué otra cosa estará de moda. ¿Todavía móviles? Yo apostaría más bien por algún tipo de implante bio-informático. Probablemente no volaremos por ahí con nuestros coches dentro de 100 años tampoco. ¿Cómo lo sé? Porque requiere mucha energía para hacer lo mismo que puedes hacer con poca. Aumenta mucho la entropía. Es la respuesta a todo. También se puede decir que “no es barato” si prefieres. ¿Para qué cojones voy a ir volando a un sitio que, al fin y al cabo, está en Tierra? Tengo que gastar más energía para pasar a través de distintas líneas de potencial gravitatorio hacia arriba, para luego bajarlas de nuevo. ¿No será mejor y más seguro hacer un coche automático y rápido?

Al final, para predecir el futuro a corto plazo uno puede confiar en la oferta y la demanda. Para predecir el futuro biológico, en la evolución. Pero para tener una idea del futuro general, desde el principio hasta el fin del universo, siempre, absolutamente siempre, se requiere mucha imaginación y pensar si “eso” que has imaginado es correcto desde el punto de vista entrópico.

Y una inteligencia software dominante… una singularidad tecnológica… bueno, es lo más correcto que puedo imaginar.

Pero ese no es el fin de todo esto. No tiene por qué. ¿Qué pasará en sucesivas evoluciones de una inteligencia artificial dominante? Al igual que los escalones de vida unicelular a multicelular o de inteligencia biológica a inteligencia electrónica, habrá más escalones. Cada vez se subirán más rápido, sí: la cosa no se detendrá. Algo que no podemos imaginar (al igual que un perro no puede imaginar una derivada, por muy listo que sea, ya que simplemente su estructura cerebral no lo permite), algo seguirá evolucionando hacia otro algo. Quizá al final el universo se llene de ondas inteligentes, sin ninguna parte física… cualquier cosa que requiera el mínimo gasto de energía. A lo mejor se produce otra cosa que es más avanzada que la “inteligencia”, totalmente distinta, que no podemos imaginar.

Esto me recuerda al relato “La Última Pregunta”, de Isaac Asimov. En éste, todos los individuos y el más potente superordenador se fusionan, al final de los tiempos, donde ya no queda nada en un universo frío y muerto. El conocimiento de ese único ente incorpóreo final es tal que aprende a invertir la entropía. Es un final muy bonito, en el que además se hace referencia a un Dios (muy de soslayo) desde el punto de vista científico (no es más que todas las inteligencias y la sabiduría universal de todos los tiempos reunidas en ese único ente). También, en el relato, se da a entender que el universo se “reinicia”.

No creo que aprendamos (ni nosotros ni ninguna inteligencia) a invertir la entropía. Ni siquiera reducirla un poco, en total. Las leyes físicas son inviolables. Pero es fascinante pensar que vamos hacia esa dirección. Sólo me pesa no ser inmortal para ver cómo acaba todo esto.

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