Archivo de la etiqueta: tecnología

Tecno-borregos

Ha pasado más de un año desde la última vez que escribí aquí. Lejos de apenarme, me agrada ver que releyendo alguna entrada sigo pensando exactamente igual: no hay nada peor que releer antiguos pensamientos y descubrir que no tenían mucho sentido. Es quizá un signo de madurez, aunque también lo podría ser de estancamiento (ambas cosas suelen ir un poco unidas también).

Además, cuando se me ha pasado alguna idea por la cabeza durante todo este tiempo, normalmente minutos antes de perder la consciencia y dormirme cada noche, la he apuntado muy rápido, ya que sé que es totalmente imposible que la vuelva a recordar una vez recuperado el estado de vigilia.

Uno de esos apuntes (de 18, cada uno para una entrada de esta longitud aproximadamente, lo cual me da bastante material) dice: “El tecno-borrego (estar a la última en todo por Internet y seguir la tendencia en redes sociales)”. Tal cual. Voy a escribir lo que se me ocurra a partir de ahí.

 

– Definición –

“¿Ahora te enteras?” suele ser la frase estrella del tecno-borrego. Este ser, alimentado con los mejores pastos de fibra óptica, visita diariamente (y varias veces por día) multitud de lugares donde la actualidad está que trina, ya sea literalmente (en Twitter, en adelante “el Pajarito”), otra redes sociales como nuestro amigo Facebook (en adelante “el Caralibro”) o blogs varios, entre los que afortunadamente no se encuentran los de este estilo, ya que leer más de 4 párrafos sin una imagen enorme en la cabecera ni información sensacionalista le cortocircuitaría su pequeño tecno-cerebro, ansioso de repetir como un loro con tal de impresionar a las masas.

Sin embargo, el tecno-borrego no es un borrego común y estúpido. ¡Al contrario! Tiene bastante inteligencia y mucha sabiduría. Es posible que hubiera que rebautizarlo como el tecno-mandril, pero me mantendré leal al borrego, ya que el mandril es menos mainstream, como suele decirse ahora en lugar de “convencional”. Decir mainstream se ha hecho mainstream por desgracia.
Pero a lo que iba: el tecno-borrego… digamos “tipo I” es un ser con cabeza. Es capaz de retener una increíble cantidad de datos en su córtex (si es que se retienen ahí). Sus fibrillas cerebrales retozan en la información pura. También posee cierta inteligencia “típica”, ya sabéis, capacidad espacial, lógico-matemática, etc. Por desgracia, su inteligencia emocional suele tender asintóticamente a cero de forma exponencialmente proporcional a la cantidad de personas con las que se codea en un momento dado cuando no se habla de aquello que conoce.

El tecno-borrego también suele ser un sujeto masculino. De hecho es un auténtico macho cabrío. Su juego no es ver quién tiene la cornamenta más fuerte o los cojones más grandes, si no intentar adoptar la posición de dominante en base a la cantidad y actualidad de su conocimiento, relevante o no. Se le distinguirá especialmente de otros amantes del conocimiento por su insistente y molesta actitud de elevar la voz por encima de la de los demás y levantar la barbilla en cada afirmación. Interrumpir a otra persona mientras habla no le supone ningún problema con tal de iluminarte, viéndolo como un favor sin importancia de aleccionante paternalismo. Él tiene que contarte la noticia, tú no puedes contársela a él (ni a los demás).

¿Pero de dónde extrae este mefítico (pero por desgracia no mítico) ser su conocimiento? ¿Acaso sorbe bits del continuo espacio-tiempo? Bueno, eso ya depende. Si es medianamente inteligente busca fuentes lo más fidedignas posibles. No se conforma ni con Wikipedia si no que tira para arriba, normalmente buscando más referencias especializadas a partir de ahí. También está el tecno-borrego tipo II (a falta de un nombre mejor, aunque el loro conspiranoico le vendría bien) el cual directamente se cree cualquier cosa, literalmente, que se publique en cualquier medio. Y lo republica. Este tecno-borrego tipo II es un auténtico cáncer para el conocimiento. Te reenvía correos electrónicos donde afirma que la Luna se verá 20 veces más grande (lo cual ocasionaría un fin del mundo tal cual lo conocemos si fuera cierto), mensajes del wassap donde te advierte que tienes que reenviar otro para que empiece a ser gratis… y un sinfín de tonterías similares. El tipo II es un borrego sin tanta inteligencia, repite lo que oye como un lorito y, de ser conspiranoico, ha anunciado el fin del mundo en una fecha concreta al menos un par de veces en su vida; también, a pesar de que cree que el gobierno de los EEUU mantiene conversaciones con extraterrestres desde hace décadas, no cree que se haya llegado aún a la Luna. Si tu reacción al leer esto ha sido un “¡Pero es que…!” eres uno de ellos.

Del tecno-borrego tipo II hay que decir que es gregario. Tienden a agruparse para alimentarse entre sí con diversas teorías conspiranoicas para así formar un círculo marcadamente anti-sistema, rumiando, regurgitando, compartiendo y volviendo a engullir esas verdades que nadie más sabe. Sin embargo, el tecno-borrego tipo I (del que hablábamos inicialmente) siempre intentará competir y sobresalir. Cuando dos tecno-borregos tipo I se encuentran y opinan algo diferente, estos tienden a pisotearse mutuamente. En lugar de intentar llegar a la verdad de una forma ordenada y sosegada, ellos esgrimirán motivos y fuentes, aplicarán pseudo-lógica sobre una base incorrecta para llegar a la conclusión que defendían en un principio, no cediendo un ápice en el proceso.
Esto último no es sólo típico de tecno-borregos, lleva ocurriendo años desde que el hombre es hombre (o desde que el hombre es animal mejor dicho, aunque es una afirmación equivalente). Pero estos borregos del siglo XXI se caracterizan por utilizar la tecnología para acrecentar su defensa del territorio.

El resultado de las batallas campales entre los tecno-borregos tipo I suele ser la impresión y respeto que el aparente vencedor gana frente los tecno-borregos tipo II. Los no tecno-borregos pueden sentirse también impresionados si no entienden nada de lo que se hablaba. Por fortuna, algunos simplemente observan, piensan lo que quieren y asienten, sin decir nada ni dejarse influenciar más de lo que su propia lógica dicta. En cuanto al aparente perdedor de la contienda, al ser también un tecno-borrego seguirá hablando del tema intentando convencer a un último pobre diablo cuando ya el resto del grupo pasó a otra conversación.

Llegados a este punto, donde esta entrada aparenta tener una marcada actitud crítica -la tiene-, hay que decir que uno no se puede clasificar ni fuera ni dentro de la categoría de tecno-borrego. Casi todos lo somos un poco: simplemente unos más, otros menos. No pretendo estar totalmente limpio de esta plaga tecno-borreguil, pero por fortuna al menos soy consciente de ella.

Como último apunte, decir que el tecno-borrego no tiene por qué hablar de tecnología: puede sólo usarla mal para hablar de cualquier cosa. Si se siente mal un día y hay cientos de comentarios en el Pajarito criticando algo, él se sumará a la crítica expresando su tremenda indignación, sin haber leído exactamente qué ocurrió. Se asegurará de expresar convenientemente cuán injusto, intolerante, egoísta o sinsentido es el mundo o el sistema, sin pensar en una alternativa o en las consecuencias de una posible alternativa. Así, su insatisfecha necesidad psicológica de pertenencia a grupo (como veremos más adelante) se verá virtualmente saciada. Es aquí donde se pone de manifiesto el borreguismo, ya que cualquier “pastor” que sepa manipular convenientemente el terreno hará que los borregos vayan por donde quiera.

 

– Antecedentes, formación –

Es bien sabido que venimos de los animales. Somos uno más de hecho, con un cerebro algo especial y evolucionado. Los animales, especialmente mamíferos masculinos, siempre han luchado por ser el cabeza de grupo, el alfa, el dominante, al que no se le puede vencer o contrariar. Esto desde el punto de vista puramente biológico y basándose en la fuerza física es positivo, ya que así los más fuertes se reproducían más -ya que tocaban a más hembras- y la especie se hacía más fuerte. Por otro lado, la sensación de pertenencia a grupo hacía más fuerte al grupo de animales en sí, colaborando para alcanzar fines comunes (como la caza).

Luego vino el hombre primitivo, hasta la revolución industrial. En un principio la herencia animal podía ser igualmente positiva, aplicando la misma lógica. El problema vino cuando nuestra inteligencia nos convirtió en civilizados. Ya no era necesaria la fuerza física obligatoriamente. La inteligencia se hizo la controladora de los recursos, ya fuera por influenciar en la gente, por inventar algo revolucionario o por simplemente ser capaz de hacer algo que otros no sabían hacer igual de bien. Los trabajos que requerían fuerza cada vez se iban relegando más a animales con sus debidos mecanismos acoplados -piénsese en un arado- o a máquinas. En otras palabras, recursos y descendencia no dependieron de la fuerza física. Aún así, cuando dos personas se peleaban, todavía tenían el tirón de la fuerza animal metido en sus molleras. Empezaban a acercarse, desafiarse, incluso  juntar cabezas al más puro estilo búfalo loco para finalmente empezar a pegarse tortas (y aún ocurre en nuestros días). El papel de la mujer en esta época, por desgracia, continuó siendo exactamente el mismo que cuando éramos animales, salvo contadas excepciones. Al menos no entraban en el juego, aunque era natural que se fijaran en sujetos con más inteligencia y recursos. Ellas aún no podían obtenerlos en ese sistema anticuado.

Época humana moderna, era digital. Aquí estamos ahora, cambiando modas a toda pastilla y en teoría más civilizados que nunca. Eso si no tenemos guerras y si pertenecemos a un país desarrollado, obviamente. Todavía los machitos siguen intentando ser el dominante de cualquier grupo por fuerza física, al menos hasta la adolescencia. Pero es aquí donde surge la nueva especie: un reducido grupo de personas, normalmente incapaces de competir a nivel físico con los machitos clásicos, se dedican a estudiar duro. Sacan dieces en los exámenes. Se refugian en los estudios a falta de una mayor inclusión social, lo cual, si esa sociedad inmediata que les rodea es condenadamente mediocre, no será necesariamente la peor de las elecciones.
Pero hay un problema.
No olvidan ni perdonan. Piensan que más adelante su momento llegará. Todo ese tiempo que los demás se han pasado de fiesta en fiesta, ligando, ganando dinero con trabajos de mierda, se volverá en su favor más adelante. Tras muchos años, ha estado delante de pantallas, en su mundo de conocimiento y felicidad sin demasiadas personas alrededor: no obstante, tras tanto tiempo se ha rodeado de un grupo de gente afín… pero el daño ya está hecho. Ha cambiado el ring, ha cambiado las armas, pero su actitud es la misma: la inmadurez de un animal, el machito tecnificado amparado en el extenso conocimiento que ha amasado en su cráneo. Es de lo que se ha rodeado, es lo que ha aprendido. Ha elegido otras armas, eso es todo. No ha sido más que otro borrego que ha seguido la misma dirección que el resto, ha jugado al mismo juego: se puso menos puntos en fuerza y agilidad y se los puso en sabiduría e inteligencia. No hay más.
En cuanto al uso de la tecnología, la sensación de pertenencia a grupo se puede suplir fácilmente en redes sociales, repitiendo como loros lo que el resto dice. Voces unidas para construir verdades que por desgracia nunca se sabe si son ciertas, pues a veces sí que lo son, a veces no. De todas formas, cualquier persona no tecno-borrega debería saber que ninguna afirmación mínimamente polémica puede expresarse como verdad absoluta en 140 caracteres. Si fuera tan sencillo no habría polémica.

En esta época digital hay móviles. Hay noticias constantemente. Hay redes sociales. Hay trolleo por Internet. Postureo. ¡El tecno-borrego ha nacido! Utilizará todo eso para ser mejor. Tendrá más seguidores en el Pajarito, más amigos en el Caralibro. Se gastará el dinero en un móvil de última generación por año, cada uno con una pantalla con mayor densidad de píxeles que el anterior, en lugar de ahorrarlo para operarse la vista (no sé si se aprecia la ironía). Publicará en las redes sociales lo feliz que es en todo momento o escupirá críticas no constructivas sobre un sistema que le ha dañado mucho. Cuidado si se cae Twitter, sufrirá un shock anafiláctico por su alergia a la no-conexión. Téngase preparado Reddit, Forocoches o Mediavida en otro dispositivo (el suyo cayó al suelo y a pesar de ser de última generación, cristal protector “el super gorila de zafiro” y una funda absorbe-choques… en fin, ha reventado), para mantenerlo tranquilo. Nunca usar una copia de Twitter en la caché de Google: el tecno-borrego sabrá que no es actual (ha pasado ya por lo menos 2 minutos desde su publicación e incluso lo retuiteó varias veces) y morirá sin remedio.

Bromas aparte, en cuanto al papel de las mujeres en esta era digital se ha igualado mucho con el del hombre. Ellas han cogido algunos defectos y algunas virtudes que solo poseían los hombres. Defectos como fumar como un carretero o ser mal hablado, virtudes como acceder a puestos de trabajo de responsabilidad, estudiar ingenierías u otros campos de carácter tradicionalmente masculino, etc, a la vez que siguen manteniendo esa inteligencia emocional tan poco frecuente en nosotros a la hora de expresar sentimientos (estoy generalizando). Aún hay desigualdad, pero el progreso ha sido muy importante si se compara el último siglo con toda la historia anterior de la humanidad (y eso son muchos siglos). Lo que importa relacionado con el tema que nos ocupa es que no se les ha contagiado el tecno-borreguismo. El número de mujeres tecno-borregas es ínfimo, aunque algunas hay de tipo II. No obstante, ahora tanto hombres como mujeres nos fijamos en los demás, vía redes sociales, sin distinción, y todos presumimos y aleccionamos impunemente para que todos se fijen más en nosotros, o para desahogarnos y ver si estamos solos en el universo. Es más fácil eso que encarar los problemas. La pantalla del ordenador es un escudo aún mayor que el parabrisas de un coche. Saca nuestro Mr. Hyde sin importar demasiado el sexo masculino o femenino.

Resumiendo, como consecuencia de lo anterior y para concretar la definición: el tecno-borreguismo no es más que el conocimiento y uso de tecnologías actuales al servicio de nuestra herencia animal desagradable, ya sea para:
1) Aparentar/presumir, sobresalir por encima de los demás (borrego tipo I o tecno-mandril macho territorial)
2) Para satisfacer nuestra necesidad de pertenencia a grupo, desahogar nuestra desgracia y criticar al sistema sin pensar antes (borrego tipo II o el tecno-loro, dirigido por el borrego tipo I y opcionalmente conspiranoico)
3) Ambas.

 

– Cómo no convertirse en uno: los límites –

Como he comentado anteriormente el tecno-borreguismo es un mal que nos afecta a todos, especialmente a los hombres y a las personas que hayan estudiado o usen herramientas de comunicación digitales. Hay formas de evitarlo o minimizarlo sin embargo y a eso van dedicados los siguientes párrafos, con ejemplos prácticos. Disfruta del paseo.

Para empezar, es perfectamente normal tener un teléfono móvil moderno, los smartphones son una navaja multiusos, ni más ni menos. Alarma, periódico, reproductor de audio, mapa, GPS… incluso reproductor de vídeo, consola portátil, lo que sea. Todo en uno. A pesar de que nunca es recomendable poner todos los huevos en la misma cesta, es una herramienta muy útil. El estar al tanto de ciertas novedades no te convierte en un tecno-borrego.
En referente a móviles, lo que te convierte en un tecno-borrego es necesitar estar a la última por una cuestión de imagen, presunción, etc. Seguir el hype internetesco y querer tener una pantalla de 5 pulgadas con una resolución que aún no se ve en pantallas de televisión, cuando ni siquiera vas a usar contenido que lo aproveche.
También el tener una conversación con alguien, y estar a la vez enviando mensajes por el móvil. Además de tecno-borrego te convierte en maleducado. En ese caso, si es importante, como mínimo una educación básica te debería instar a pedir permiso o disculpas, acabar lo antes posible y volver a la conversación en el mismo punto que estaba.

En las redes sociales es donde estos seres más se ponen de manifiesto. Es como su prado arco-iris repleto de pequeños tesoros. Tienen que enterarse de todo y contestar a todo con la verdad absoluta. Si algo no está en la red social, no ha pasado. El llamado postureo invade el Caralibro y otros medios. ¿Pero hasta dónde se puede considerar “normal” (menuda palabra) publicar tu vida en las redes sociales? Para mi, en tanto y cuanto no te prive de otras interacciones sociales cara a cara y no se haga con ánimo de presunción será correcto. El problema es que ninguno somos capaces de conocernos a nosotros mismos tanto como para decir si estamos haciendo eso un poco. La honestidad y las buenas intenciones, el no ser hipócrita, el no “sonrío en la red pero luego te pongo a parir”. Todos juzgamos a todo el mundo y decimos nuestras opiniones (es inevitable), pero usar una red social para acrecentar la falsedad es muy propio del tecno-borrego.

El tecno-borrego no vive el momento: lo almacena o cuenta. Está demasiado ocupado fotografiando o filmando. No deja la cámara grabando y lo mira: la deja grabando y lo mira a través del visor de la cámara. Es así de tecno y así de borrego. ¿Cómo evitar semejante idiotez? Bueno, si se permite hacer fotos, haz alguna. Si se permite grabar, graba. Pero piensa un poco, ese momento quizá no se repita, y no estás poniendo tus sentidos en él. Yo he sido de fotografiar y grabar todo, por lo que hablo con conocimiento de causa. Si te gusta, no hay nada de malo, pero ves preparado para disfrutar del espectáculo, broma, reunión de amigos, lo que sea sin tener que echar mano de tu aparato (electrónico). O coges un trípode. O lo sitúas donde sea. Si quieres de verdad fotos, también puedes pasar la cámara a otras personas y que vaya rotando. Si estás demasiado pendiente de cualquier aparato, el tecno-borreguismo te absorberá poco a poco. Obviamente esto no se aplica si has salido a hacer fotos a propósito.

En cuanto a ejercicio físico, el tecno-borrego no solía hacer demasiado hasta hace un par de años. Se han puesto de moda las pulseras cuantificadoras u otros wearables, la quintaesencia de los borregos tecnificados… o simplemente usar los móviles. Como hasta ahora no tenían forma de comunicarles los kilómetros a los demás, no hacían deporte. Consumía un tiempo que se podía usar para tecnificarse un poco más. Ahora, como además de en videojuegos pueden desbloquear logros en la vida real, se han animado a hacer deporte, cuando antes no lo hacían. ¿No lo habéis notado? Está de moda hacer deporte que se pueda trackear. Y se llama running, porque correr es algo que hacían nuestros abuelos, pasado de moda, muy mainstream, a pesar de ser lo mismo. También el ciclismo está en auge. ¿Cómo usar la tecnología en el deporte sin ser un borrego técnico? Bueno, si siempre has hecho deporte y has empezado a usarlo para superarte o llevar un control, es entendible. Si quieres hacer ver que estás haciendo algo para hacer que otros se animen para apuntarse, es también entendible. Si quieres que todos te admiren por lo que estás haciendo y tratas tus cifras como una bandera de conquista para una ración de postureo matutino, bienvenido al corral eléctrico. ¿Lo complicado? Darse cuenta. Si experimentas sensación de satisfacción al verlo publicado en tu querido muro, estás cayendo.

Habrá muchos más ejemplos. El secreto es en gran parte la actitud y las formas con que lo hagas. A veces alguien que pretende presumir publica algo exactamente de la misma forma que lo hace alguien que quiere compartir. Al principio es indistinguible, pero por el tipo de persona o comentarios subsiguientes uno debería darse cuenta pronto.

En general, no es tampoco malo que un individuo intente sobresalir. El problema es cuándo, cuánto y cómo. Cuándo: Hay cosas que no vienen a cuento en un momento dado. Si todos están hablando de un problema de alguien y tú ansías empezar a hablar de videojuegos para decir a dónde te has llegado, tienes un problema. Cuánto: Si no paras de hablar y la otra persona no hace más que asentir vagamente… la estás aburriendo. Cállate o al menos pregúntale qué opina, no hagas el discurso de tu vida. Cómo: una actitud hiriente no sirve de nada. Si tu forma de hacerte valer es empequeñeciendo a los demás es porque no eres capaz de sobresalir por ti mismo. No puedes decirle a alguien que está equivocado sin seguir su lógica y plantearle el fallo. En este sentido, si lo haces sin querer, por costumbre, intenta darte cuenta o ser más suave.

He mantenido a veces actitudes tecno-borreguiles en mi vida y he dejado de hacerlas o las he disminuido bastante con el tiempo, afortunadamente.

 

– Cómo tratarlos –

Bueno, digamos que tú no eres un tecno-borrego (¿estás seguro?) y algún conocido sí. ¡Qué contrariedad! No sabes si dejar de seguirle en Twitter, porque si entras a leer algo 9 de cada 10 entradas son suyas y satura todo. Y es tu amigo, no puedes dejar de seguirle. ¿Qué haces? Te equivocas. Puedes dejar de seguirle. Asunto concluido. Una relación de amistad no depende de tu conexión en el Caralibro o el Pajarito, por favor, un poco de cabeza.

Además, hoy no hace más que aleccionarte sobre, digamos, la teoría de la relatividad. Hoy le ha dado por hablar de relatividad y agujeros negros, fruto de un capítulo de Cosmos que le mojado los calzoncillos. Sería genial aprender algo de eso si te interesa y no fuera un tecno-borrego…
Pero ninguna de esas dos cosas son verdad. Te interesan los problemas humanos más terrenales e inmediatos, y se expresa de forma pedante. Piensas: “Cierra la puta boca, desgracia humana, ¿no ves que no me importa?” mientras arqueas las cejas fingiendo sorpresa y asintiendo con una técnica ya bastante depurada. ¿Es esto correcto? ¿Deberías decirle algo?
A veces no se trata de ser o no hipócrita, si no de la actitud de cada uno, de la paciencia de cada uno, del grado de confianza, del grado de respeto… el chaval ha visto algo y está emocionado. Bueno, díselo: “no me interesa”, “me estás rayando tío”. Otra cosa que puedes hacer es, solo en caso de tener mucha paciencia, aprender algo. Ignorar la forma y quedarse con el contenido. El tecno-borrego te permite aprender, ¿y por qué no? Mientras tú no adoptes la misma actitud después, ya sabrás algo más. Es él quien se jacta, pero no ve que no sale beneficiado: no vamos a entrar en el juego de “guau, cuánto sabes, impresionante”: estás por encima de ello, eres consciente de la psicología de la situación. Esto solo es válido si en otras ocasiones nuestro amigo Norit ha dicho cosas con un mínimo sentido y no sandeces o exageraciones.

Cuando hagan lo de los mensajitos por el móvil mientras hablas, es fácil: deja de hablarle si es tu único interlocutor o dirígete a los otros. No, tirarle la copa encima del móvil no es buena idea. No debes odiar al tecno-borrego: debes sentir penar por él. No se da cuenta de lo que es.

¿Está presumiendo de móvil absurdamente avanzado? Bueno, te recomiendo que le dejes tranquilo, que retoce feliz. Pero si quieres ir un poco a la contra o interesarte a ver si realmente merece la pena, las preguntas son: “¿Cuánto te ha costado?” y ¿”Qué puedes hacer que con el anterior no?”, preguntas que suelen poner de manifiesto al tecno-borrego: se habrá gastado cientos de euros cuando su anterior móvil no tenía problemas. Lo que pasa es que ahora tiene más RAM, más densidad de píxeles, incluso medio palmo más le ha crecido la polla.

Hay otro punto importante de estos seres que me dejo en el tintero: las modas o las noticias del momento de Internet. “¿No conocías este meme?”, “Ese vídeo de Youtube es más viejo…”, “¿En serio no has visto esa serie?”… Hay gente con una vida que no depende de los megas contratados, sólo los usa de vez en cuando. Gente con personalidad propia, que no va a elegir una forma de vestir o llevar cierta apariencia, ya por convencionalismo o por moda. Existen personas con una vida interior increíblemente rica, pero que normalmente no se anima a compartirla por el simple hecho de que los tecno-borregos no se animan a escuchar, y no quiere convertirse en otro más (cosa complicada a veces). Estas personas no tienen tiempo de ver lo último de Internet, o bien no tienen ganas y, si la cultura popular se construye a partir de cosas así, entonces la cultura popular es una puñetera bazofia. Divertida, pero para nada de obligado conocimiento. Pero es lo que tiene el tecno-borrego en su vida. Colabora construyendo su Matrix feliz particular.

¿Hay un escándalo y el Pajarito está que trina? (Traducción: ¿hay un trending topic en Twitter porque X ha hecho Y?) Por supuesto que estará muy mal eso, sea lo que sea. Tal cual está escrito en una frase corta poca gente se equivoca. ¿Tienes ganas de compartirlo con los amigos? Bueno, para no propagar información falsa o exagerada, lo mejor es leer la fuente. E incluso la fuente, normalmente es exagerada. Vivimos en un mundo de información sensacionalista, yo mismo he escrito a veces de forma sensacionalista. Hay que hacer de abogado del diablo siempre. Probablemente pienses que quizá ha pasado esa noticia porque hay otra cosa que de base estaba también mal y la persona que hizo tal cosa no tenía otra opción, y los loros retuiteantes no lo están pensando. Pero si publicas eso parecerá que estás defendiendo aquello que es repudiable. Entonces, ¿qué hacer? No hay solución. No en 140 caracteres. Un sistema como Twitter tiene la desventaja de que no se pueden hacer afirmaciones universales sin excepciones (no tienes espacio para matizar), de forma que siempre alguien responderá a la contra, siendo esta contra una afirmación también refutable. Es de ello de lo que se alimenta el Pajarito y por ello por lo que no es un buen lugar para dar opiniones ni hablar de nada polémico o complejo. Pero los tecno-borregos lo usan para eso sobre todo. Mi consejo: no entrar al juego en estos casos.

 

– Conclusión –

Animo a todos los que leamos esto algún día (si bien soy consciente de que es una entrada que va a envejecer muy mal) a preguntarnos nuestro grado tecno-borreguil. Si es alto, quizá debamos cambiar algún hábito de nuestra vida (o no-vida). No puede ser que dediquemos un 50% a vivir y otro 50% a registrarlo, presumir o envidiar cómo viven los demás a través de una pantalla.

No importa cuán avanzadas sean las tecnologías que invente el ser humano: la plebe las usará para lo que nuestro atrasado cerebro semi-animal dicte. No somos maduros. Nadie. La humanidad es todavía adolescente, básicamente, con independencia de la edad de un individuo dado o su madurez. Nuestra evolución ha implicado mayor inteligencia inventiva y de comprensión de lo que nos rodea, pero muy poca inteligencia emocional y de nuestro propio interior. En otras palabras: la seguimos liando parda.

También decir que no es que crea que esto sea el fin del mundo o un drama, suelo reírme cada vez que entro (últimamente no tan a menudo) en una red social. Este tocho no es más que una opinión personal, usando alguna metáfora o exageración para hacer palpable un hecho del que no todo el mundo es consciente… y que cada vez va a más.

Se podría pensar que llamar borrego a alguien que actúa territorialmente está equivocado: quizá en un primer momento. Los chulo-playas de gimnasio pueden ser idiotas pero no borreguitos. Pero cuando ves que hay miles, quizá millones a tu alrededor, te das cuenta de que en realidad todos siguen el mismo patrón, están cortados por las mismas tijeras, siguen un mismo camino. Si además están usando la última tecnología a manos del público para hacerse oír y chocar la cornamenta, en lugar de sus músculos… ahí los tienes: tecno-borregos.

 

 

Anuncios
Etiquetado , , , ,

Evolución tecnológica y universal

Soy un lector de ciencia ficción. No leo mucho últimamente, lo cual quiero remediar, pero uno no tiene tiempo para todo lo que le gustaría hacer…

La cuestión es que he llegado a la conclusión (y no soy, ni mucho menos, el primero) de que la humanidad es el puente entre un mundo biológico y la auténtica inteligencia, que será totalmente artificial.

Antes de que me tachéis de flipado, hay que considerar nuestro mundo desde una perspectiva muy amplia. Hay que quitar mucho zoom. Veamos. Voy a hacer un pequeño ejercicio mental: considerar la realidad como un todo, y voy a hacer zoom hasta alcanzar nuestra situación actual como personas.

Según creemos, el universo se… “inició” hace 13.700 millones de años. La cifra se conoce o cree conocer con bastante exactitud. Al principio, no tenía nada que ver con como es ahora. No voy a ahondar en esto porque queda fuera del tema, y quiero concentrarme en algunas cifras. Así que nuestra primera cifra es 13.700 millones de años.

Hace 4.550 millones de años, se forma nuestro planeta. Tampoco es como lo conocemos ahora, pero es, digamos, el siguiente gran acontecimiento necesario para que surjamos (sin entrar en detalles, también necesarios, que ocurrieron antes).

La vida empezó hace unos 3.800 millones de años como resultado de una reacción química que, no se sabe aún bien cómo, fue capaz de producir algo que se autorreplicara. Esto es básicamente la vida tal y como la conocemos. Este acontecimiento podría no haberse producido nunca. Nuestro universo podría haber seguido siendo totalmente muerto, biológicamente hablando. Interacciones gravitatorias, electromagnéticas, todo tipo de astros, para la final acabar en un Big Crunch o Big Frezee o Big Rip. Lo que sea, pero sin vida. O quizá, por otro lado, ésta era inevitable.

De cualquier modo, era vida unicelular. Sorprende mucho cuando, al leer, uno encuentra que los primeros organismos multicelulares surgieron hace ¡610 millones de años! Incluso la gente interesada por estos temas solemos pasar de largo cuando nos ponen fechas, pero esta en concreto es muy sorprendente. Teniendo en cuenta cuándo surgió la Tierra y haciendo un par de restas descubrimos que a la vida le bastaron, “sólo”, 750 millones de años para aparecer. Pero para pasar de ser organismo unicelular a ser organismo multicelular le llevó nada más y nada menos que unos 3.200 millones de años.

Esto quiere decir, simplemente, que la vida podría haber seguido siendo unicelular para siempre. Es más fácil que aparezca vida simple a que ésta empiece a ser algo compleja, multicelular en este caso. Siempre que se habla de lo raro que es que aparezca vida y de lo guay que es la evolución parece que se obvie esto: aún más difícil es pasar de unicelular a multicelular. 3.200 millones de años con vida unicelular sobre la Tierra, es dos terceras partes de su vida total. Muchos días y muchas noches sin más que un caldo de cultivo brutal en los mares.

Esto nos hace preguntarnos no sólo qué acontecimiento extraordinario inició la vida. Hay otro todavía más extraordinario, atendiendo a las cifras, que tuvo que convertirla de unicelular a pluricelular. Pero no nos vayamos del tema.

Aquí empieza lo bueno si has tenido paciencia de leer hasta aquí.

Nos ha llevado mucho tiempo de ser unicelulares a pluricelulares. Pero no nos va a llevar tanto crear las primeras plantas y animales simples: unos 500 millones de años atrás. De forma muy rápida van a surgir formas de vida. Luego extinciones. Luego otras formas de vida. Luego más extinciones.

Tras esto, surgen más formas de vida, entre las cuales estamos nosotros. Aquí empieza la historia humana.

Bueno, es de suponer que estas extinciones  (debidas a acontecimientos inevitables por los animales) al final deban de originar una forma de vida capaz de hacerles frente. De otro modo, la historia de la vida en la Tierra sería siempre de un grupo de animales superiores teniendo la supremacía, y luego una extinción, pasando el relevo a otros una y otra vez.

Las grandes extinciones son debidas a acontecimientos astronómicos o geológicos fuera de lo común: caída de meteoritos, explosión de supervolcanes, inversión de polos magnéticos… cosas que pasan cada muchísimo tiempo. Tanto, que entre tanto y tanto (valga la redundancia) a la vida le da tiempo a evolucionar de nuevo.

Bien. Llega un momento en el cual una forma de vida tiene más cerebro que las demás. Debido a diversos factores, es capaz de comprender mejor el mundo en el que vive. El salto es tremendo: comprendemos poco a poco la naturaleza de las cosas. Podemos construir cosas porque sabemos la resistencia de un material. Podemos “encajar las piezas” que hacen que algo funcione. Esto, ¿nos da finalmente el poder de frenar nuestra propia extinción, de nuevo, como especie dominante?

Hace falta inteligencia para parar un meteorito. Mucha. Es necesario un conocimiento de lo que ahora llamamos las 4 fuerzas fundamentales del universo, por ejemplo, para mandar una cabeza nuclear bestial y desintegrarlo. Un animal sin inteligencia no podría sobrevivir jamás a ello.

No quiero decir que nosotros podamos. Aún. Pero estamos en camino. No obstante, de nuevo me estoy adelantando.

Sigamos el tema de las fechas dentro ya de la historia humana, donde no ha habido evolución biológica perceptible en los últimos miles de años. ¿Qué es lo que nos diferencia de un ser humano del año 1.000 antes de Cristo? Probablemente casi nada. Biológicamente, digo. Si una persona de esa época, a la edad de 1 año, viniera a la nuestra, podría acabar siendo físico nuclear, astronauta o portero de discoteca, tan bien o mal como cualquiera de la nuestra.

Por lo tanto, hemos de aceptar que nuestra gran ventaja, a parte de la inteligencia en sí, es que somos capaces de transcribir nuestra información de forma que sobreviva a nosotros. Esta reflexión es importante porque ningún animal puede hacerlo, tampoco. De hecho, por eso tenemos lo que llamamos “historia”. La historia no es más que experiencia durante un periodo de tiempo muy largo, escrita. Así pues, los seres humanos no solo heredamos los rasgos genéticos como única información de nuestros progenitores: heredamos sus conocimientos. Nuestra evolución biológica ya no es la principal herramienta de cambio, otra gran diferencia con respecto los animales.

Puede parecer trivial y absurdo hacerlo notar, pero es algo esencial para nosotros. Ser capaz de extraer algo de un cerebro, encriptarlo en símbolos (escribirlo) y que otro individuo sea capaz de entenderlo incluso milenios después de que su creador haya muerto nos da cierto poder de inmortalidad. Se puede decir que nuestra sabiduría común es inmortal, siempre y cuando haya sujetos que la entiendan y vuelvan a escribir, mejorándola quizá.

Esto podría haber tomado otro cariz. Al igual que la vida no tiene por qué haber surgido, y al igual que no tiene por qué haber pasado a ser multicelular, y al igual que no tendríamos por qué haber sido inteligentes… nos podríamos haber quedado atascados en una edad medieval infinita (o al menos mucho más larga).

Ya entrando en lo que a tecnología se refiere, es curioso cuando uno piensa en los pocos adelantos que hubo entre, por ejemplo, el año 1.000 antes de Cristo y el 1.500 de nuestra era, hace solo 500 años. Todavía no habíamos terminado de descubrir todo América. No existía la tecnología tal y como la conocemos hoy día. Los adelantos eran mínimos: incluso mejorando enormemente cosas como la navegación, la cuestión es que también se hacían barcos hace 2.500 años.

Consideremos ahora periodos más cortos. Desde el 1500 hasta el 1800, o siglo XIX entero para coger más rango. En solo 300 años pasamos de dibujar mapamundis a empezar a meternos en la revolución industrial: el inicio de la mecanización.

Ahora cojamos un periodo aún más corto. Si antes eran unos 300 años, ahora solo 100. Siglo XX. Aquí incluso hemos nacido muchos de nosotros. De trenes y fábricas, pasamos a la automatización casi total. A volar. A viajar a otro objeto celeste distinto a nuestro mundo: la Luna. A la era de la información automatizada, incluso: la informática. ¡Todo en únicamente 100 años!

Cojamos ahora un periodo de tan solo 13 años. Del 2000 al 2013. Claro, todavía no vamos por ahí en coches voladores ni nos teletransportamos. Pero considerad la revolución de los móviles. Del ocio interactivo como nuevo arte. De los ordenadores y tablets. De Internet. Joder, si hasta lo escribimos en mayúscula: Internet. Y “universo” en minúscula. Parece que hayamos inventado a Dios.

Una vez hecho este zoom histórico, desde la creación del universo, de la Tierra, de la vida, de organismos multicelulares, de animales inteligentes, de la historia como añadido a la herencia genética, y finalmente de tecnología automatizada, podemos imaginarnos una barra de progreso. De izquierda a derecha. Imaginemos marcas para cada acontecimiento que realmente cambia algo importante en la evolución de la materia y la información (desde el punto de vista universal, no solo humano).

Uno llega a la conclusión de que estamos en medio de algo que está acelerando a marchas forzadas. Eso es el presente tecnológico: el siguiente gran paso evolutivo, no nuestro, si no del universo.

Creo firmemente que el ser humano, en pocas generaciones, entrará en lo que se denomina una singularidad tecnológica. Y este es el punto al que quería por fin llegar. Pero ponerme a escribir sobre él sin reflexionar sobre los antecedentes, no nos podía poner en el contexto correcto.

A la hora de hablar sobre la singularidad tecnológica uno ha de ser muy cauto. Es muy sencillo, por ejemplo, afirmar que no ocurrirá obedeciendo a leyes muy humanas de oferta y demanda. De la misma forma hay quien opina que lo veremos en menos de 20 años, hagamos lo que hagamos.

Yo, como en otras tantas cosas, tengo una visión moderada. Creo que ocurrirá, pero al igual que con la formación de la vida, el paso de vida simple a la multicelularidad (si es que esa palabra existe), el paso a la inteligencia, el paso de una era muy larga de baja tecnología a una era de alta tecnología en menos de 2 siglos… creo que estamos ante otro de esos “escalones” que cuesta subir, aunque estemos acelerando.

En cuanto más lo pienso más lógico me parece. Incluso lo hemos vaticinado innumerables veces, con películas como Terminator o Matrix. Me parece el gran siguiente paso, que se tomará independientemente de que queramos o no, a menos que seamos MUY cautos. Al igual que la religión frenó la ciencia y tecnología durante milenios, unas reglas muy estrictas por nuestra parte podrían evitar el paso de la dominación de las máquinas. Porque al final, hablo de eso.

La pregunta obvia es: ¿por qué iba a ocurrir? ¿Cómo demonios va a ocurrir? Realmente no lo sé, y depende en gran medida de cómo funciona el universo. Únicamente intentando comprender cómo funciona el universo, en todos los niveles a la vez (lo cual no es nada fácil), uno ve el patrón. Os invito a haceros la siguiente reflexión como patrón que sigue el universo:

El universo parece premiar las formas que reducen la entropía en sistemas locales. Esta frase tan guay y cool, para entenderla, hay que saber primero lo que es la entropía. Aunque te invito a irte a Wikipedia para mirarlo, te diré que se trata de la cantidad de desorden que hay en un sistema particular. Se considera sistema cualquier cosa que no puede ser afectada por nada ajeno a ese sistema. Y cuando se habla de desorden, es una forma fácil de decir “capacidad de la energía de transformarse”. En cuanto más aumenta la entropía, más disminuye la capacidad de la energía de transformarse y generar un trabajo.

Lo voy a decir de otra manera que se entienda: considera una caja llena de un gas. La mitad está a una temperatura de 5 grados, y la otra mitad a 50. En ese momento está en un estado ordenado, con poca entropía. Además, se puede decir que almacena información. Bien, si le damos al botón de “simular” que tiene el universo, la temperatura del sistema tiende a igualarse. Aquí, la caja es un sistema cerrado porque estamos suponiendo que no puede ser afectada por la temperatura exterior (lo cual es en la práctica imposible si consideramos más cosas además de la temperatura). La entropía ha aumentado naturalmente. Se ha perdido información al homogeneizarse el sistema, al igual que un CD perdería información al alisar todas sus muescas o irregularidades.

Realmente el único sistema cerrado que existe es el universo, hasta donde conocemos. Dicho lo anterior una vez más y con distintas palabras, para que se entienda, la materia del universo tiende a adoptar formas lo más homogéneas posibles. Formas mezcladas. Formas indistinguibles unas de otras. Y dicho de otra forma: formas que no almacenan información, al no tener un estado diferenciado unas de otras.

Hasta aquí, en general. Ahora viene el “peeeero…”

Pero la vida es justo lo contrario. Somos grandes cantidades de materia ordenada en estados muy bien definidos. Somos grandes soportes de información. No importa si hablamos de vida unicelular, de un riñón o del mando de la tele: desde el punto de vista del universo, es materia ordenada. No está disgregada, y es relativamente resistente a la disgregación, que es a lo que el universo tiende. Volviéndolo a decir de otro modo: la vida y todos sus derivados permite reducir la entropía localmente.

No es posible reducir la entropía universalmente. Esto viola una ley fundamental de termodinámica (la segunda) y si fuera posible podríamos obtener energía gratis, por lo que podríamos dejar de trabajar y vivir la vida. Pero es posible hacerlo localmente. ¿Cómo? Fácil. Cuando yo escribo algo, como ahora, estoy reduciendo la entropía en… digamos un servidor de WordPress que no tengo ni idea de dónde está. No sólo eso: estoy reduciendo la entropía en todos mis lectores. Sus mentes ahora están imaginando las implicaciones de mis palabras y las están juzgando, porque no deberían aceptarlas sin más. Esta grabación de información, para no violar leyes fundamentales, requiere que se aumente la entropía de alguna otra manera: y lo hace. Estoy perdiendo calor por mis manos. Mi cerebro no deja de consumir oxígeno y azúcar entre otros. Oigo el ventilador de mi ordenador (cosa que no debería por cierto). El disco que graba estas palabras en su servidor, también genera calor. Y el calor, es una forma degradada de energía, la que más complicada es de transformar en algo útil. Por lo tanto, dentro del sistema cerrado del universo, ahora mismo yo y todo el mundo aumentamos la entropía. Pero localmente, la disminuimos.

“Vale tío, ¿pero para qué todo este rollo de la entropía? ¿Qué tiene esto que ver con lo del futuro megatecnológico superguay y tenebroso que decías?” Ahora va. Al igual que el tema de la evolución de la vida, es necesario comprender la naturaleza de la entropía para entender el motivo por el que creo que las máquinas tomarán el relevo.

Verás, hay formas más eficientes de hacer las cosas. Aunque siempre vayas a aumentar la entropía, puedes grabar información en una losa de piedra con un martillo, o grabar millones de líneas, en un segundo, con una disipación mínima de energía. Y como decía antes: “El universo parece premiar las formas que reducen la entropía en sistemas locales.” Esto es lo mismo que decir que al universo la gustan las estructuras. A todos los niveles. Aunque en general la entropía aumente, no dejan de surgir estructuras complejas en todos los niveles de realidad, todos los niveles de zoom que podamos imaginar.

Y da la casualidad de que las máquinas, basadas en electricidad y componentes de silicio y otros, son mucho más eficientes que los seres humanos, a la hora de reducir la entropía localmente.

He aquí el meollo de la cuestión. Lo que acabo de exponer en todo este troncho de texto, son hechos. De hecho, me apoyo en la definición más moderna de lo que es la vida (en concreto, la definición termodinámica). En cuanto más compleja es una forma que está sujeta a un posible cambio por evolución, más rápidamente se hace más compleja. Al final entra en un estado en el que da un paso tan grande que la forma anterior queda totalmente relegada a un segundo plano. Esto ha pasado con todo, siempre, y volverá a pasar.

Las únicas cosas que pueden ralentizarlo son catástrofes de fuerza mayor, que para esa forma aún no es posible evitar, o que las propias formas adquieran conciencia de que no desean el cambio. Ejemplos: la caída de un meteorito, o la Iglesia, respectivamente.

Llegados a este punto, lo que resta es intentar vaticinar qué ocurrirá si no se pone en marcha algo para evitarlo. Lo primero, es que estamos ante un escalón. Hay fuerzas que harán que esto no ocurra inmediatamente: fuerzas humanas. El ser humano se preocupa más por comer y sobrevivir que por otra cosa, más aún en época de crisis. Estuvimos a punto de sucumbir, además, ante nuestro propio descubrimiento del uso de la energía durante guerras mundiales. Ahora mismo, únicamente hay 2 campos que favorecen el cambio: la demanda (básicamente por modas) y la guerra.

Un ejemplo sencillo de la primera, es el teléfono móvil. De hecho, antes lo llamábamos “móvil” por acortar, pero ahora se ha convertido en un “móvil” de verdad. Lo que tenemos no es un teléfono. Es un GPS, barómetro, terminal con Wifi, reproductor de vídeo, música… etc. Un completo ordenador en tu bolsillo, con la tecnología que hace menos de 10 años estaba en una torre de ordenador de sobremesa (una prueba más de la aceleración). En el campo tecnológico realmente somos presa de la moda. No nos hace ninguna falta un terminal móvil. La gente sobrevivía y era la mar de feliz sin ellos. No obstante, una vez interactuamos con uno, nos es difícil dejarlo o no desear uno mejor. Toda la sociedad está atontada con los móviles, un servidor incluido. Esto hace que se destinen grandes cantidades de dinero a su desarrollo, lo cual contribuye, indirectamente, a la creación de la singularidad tecnológica.

Un ejemplo de la segunda (la guerra), es parte de otro escalón: la robótica. Actualmente los únicos que tienen recursos para investigar en un robot bípedo dinámico completo, que yo sepa, son los de DARPA. El objetivo, si no me equivoco, es tener soldados robot, a juzgar por el equipamiento y simulaciones que he visto en algunos vídeos. Hay muchos vídeos de robots bípedos, pero ninguno es realmente dinámico: saben andar sin más. Si les empujas, se caen. Este no.

No obstante, es la inteligencia software lo que creo que tomará el control. Ser físico genera problemas, y requiere aumentar la entropía tontamente. Una inteligencia puramente mental sería el gran triunfo del universo en su intento de reducir localmente la entropía. Al final, siempre hará falta algo físico que lo haga funcionar, pero el sistema buscará como minimizarlo. Es propio de la evolución premiar a las formas que con “mínima comida pueden hacer más cosas”.

Uno se pregunta, llegado a este punto, el objetivo de la vida. Yo, como creo en la definición termodinámica de vida, simplemente pienso que el objetivo es obtener vida que sea capaz de reducir el aumento constante de entropía aún más. Y como la inteligencia la reduce mucho localmente, al generar mucha información con mínimo desgaste energético, es lógico pensar que el objetivo de la vida es la inteligencia. Muchos biólogos diferirían con esto de inmediato, y no soy quién para negarlo, pero al no estar especializado en nada creo que una visión global es más acertada. Un biólogo se limitaría a decirme que las cucarachas son una forma de vida muy buena, que no requiere gran inteligencia (y que de hecho apenas ha evolucionado). Lo cual es muy cierto. Pero desde un punto de vista universal, llegará el día en que el Sol abrase la Tierra, dentro de otros 4.500 millones de años. A eso, nada podrá sobrevivir. Creo que si las cucarachas siguen sin evolucionar hacia una forma de vida que les permita escapar del planeta no tendrán muchas posibilidades de remediar su destino. Y si lo hacen, requerirán inteligencia.

Falta otra cosa en la que pensar y que se podría usar de argumento en contra de mi razonamiento: ¿Puede una inteligencia artificial tener la inventiva de un ser humano?

Vamos a ver: claro que sí. No nos engañemos. Pensamos que no simplemente porque aún no se ha conseguido y por pura vanidad humana. Lo que es la inteligencia, el “yo”, no es más que un patrón en el interior de tu cerebro, un patrón generado por la sinapsis de tus neuronas. Nada que no se pueda imitar con tecnología. Lo que pasa es que aún no sabemos cómo. Pero físicamente es totalmente posible. Y, ¿no es casualidad? Con los móviles estamos investigando cómo reducir microchips a lo bestia. Cómo meter más capacidad de procesamiento en un menor espacio. Justo lo necesario para solventar uno de los handicaps que hay para diseñar una inteligencia humana artificial.

La inteligencia, desde mi punto de vista, lo único que necesita es motivación. Uno no podría, aunque tecnológicamente fuera factible, hacer un cerebro artificial y darle al play: no haría nada. Nosotros, los seres humanos, tenemos motivaciones básicas que hacen que usemos nuestro cerebro: éstas son comer y reproducirnos. Otras necesidades, aunque esenciales, no requieren usar tanto el cerebro.

Una inteligencia artificial no tendría motivaciones a priori. Pero se podría programar para lo mismo que toda forma en el universo acaba por hacer: conseguir alimento y reproducirse. Siendo software, esto sería tremendamente fácil: únicamente necesitaría hacer los movimientos necesarios para conseguir la mayor electricidad posible y copiarse a sí misma las veces que considerase necesario, como un virus. No es difícil imaginar una evolución digital. No obstante, quizá no podría automejorarse por prueba y error, como ocurre con la vida biológica actual (ya sabéis, mutamos, y unas formas se ven más beneficiadas que otras, las cuales se reproducen más). Lo más seguro es que pudiera mejorarse conscientemente, o autoinducirse una prueba y error a sabiendas de que, en un subconjunto de sus copias, sería capaz de o bien gestionar más eficientemente su consumo eléctrico o bien el reproducirse.

Una conciencia global digital no es alocado, pues Internet actúa de forma parecida a una enorme red neuronal. Que “despierte” para mi es simplemente cuestión de tiempo. Alguien hará algo, lo intentará, o quizá algún virus informático sea capaz de fastidiarlo todo… no lo sé exactamente. Pero esto creo que es un salto muy grande, similar al de la vida multicelular. Dentro de nuestra escala de tiempo acelerada, no será cuestión de unos pocos años… es posible que sí, o es posible que haga falta 100, o 200 años. Al estar metidos de lleno en la aceleración tecnológica, no tenemos ni idea de cómo será la sociedad en ese tiempo. No sabemos qué otra cosa estará de moda. ¿Todavía móviles? Yo apostaría más bien por algún tipo de implante bio-informático. Probablemente no volaremos por ahí con nuestros coches dentro de 100 años tampoco. ¿Cómo lo sé? Porque requiere mucha energía para hacer lo mismo que puedes hacer con poca. Aumenta mucho la entropía. Es la respuesta a todo. También se puede decir que “no es barato” si prefieres. ¿Para qué cojones voy a ir volando a un sitio que, al fin y al cabo, está en Tierra? Tengo que gastar más energía para pasar a través de distintas líneas de potencial gravitatorio hacia arriba, para luego bajarlas de nuevo. ¿No será mejor y más seguro hacer un coche automático y rápido?

Al final, para predecir el futuro a corto plazo uno puede confiar en la oferta y la demanda. Para predecir el futuro biológico, en la evolución. Pero para tener una idea del futuro general, desde el principio hasta el fin del universo, siempre, absolutamente siempre, se requiere mucha imaginación y pensar si “eso” que has imaginado es correcto desde el punto de vista entrópico.

Y una inteligencia software dominante… una singularidad tecnológica… bueno, es lo más correcto que puedo imaginar.

Pero ese no es el fin de todo esto. No tiene por qué. ¿Qué pasará en sucesivas evoluciones de una inteligencia artificial dominante? Al igual que los escalones de vida unicelular a multicelular o de inteligencia biológica a inteligencia electrónica, habrá más escalones. Cada vez se subirán más rápido, sí: la cosa no se detendrá. Algo que no podemos imaginar (al igual que un perro no puede imaginar una derivada, por muy listo que sea, ya que simplemente su estructura cerebral no lo permite), algo seguirá evolucionando hacia otro algo. Quizá al final el universo se llene de ondas inteligentes, sin ninguna parte física… cualquier cosa que requiera el mínimo gasto de energía. A lo mejor se produce otra cosa que es más avanzada que la “inteligencia”, totalmente distinta, que no podemos imaginar.

Esto me recuerda al relato “La Última Pregunta”, de Isaac Asimov. En éste, todos los individuos y el más potente superordenador se fusionan, al final de los tiempos, donde ya no queda nada en un universo frío y muerto. El conocimiento de ese único ente incorpóreo final es tal que aprende a invertir la entropía. Es un final muy bonito, en el que además se hace referencia a un Dios (muy de soslayo) desde el punto de vista científico (no es más que todas las inteligencias y la sabiduría universal de todos los tiempos reunidas en ese único ente). También, en el relato, se da a entender que el universo se “reinicia”.

No creo que aprendamos (ni nosotros ni ninguna inteligencia) a invertir la entropía. Ni siquiera reducirla un poco, en total. Las leyes físicas son inviolables. Pero es fascinante pensar que vamos hacia esa dirección. Sólo me pesa no ser inmortal para ver cómo acaba todo esto.

Etiquetado , , , , ,