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En busca de las virtudes

Actualmente tengo claro quién soy, mis limitaciones y mis respuestas a algunas preguntas que siempre han inquietado a mi mente y a la de bastantes personas.

Una de esas preguntas (y solo una) versa sobre los valores que una persona ha de tener.

Hablo totalmente fuera de religiones o leyes; busco un código de conducta, unos valores humanos, una moral bien definida que fuera perfecta. Siempre la he buscado, mis mandamientos particulares (pues no creo en ninguno predefinido) y hace unos años, creo que por fin lo encontré.

Veréis, una de las razones por las que practico un arte marcial es por el código de conducta que intenta seguir, de “convencer” en lugar de “vencer”. Es algo importante. En otros sitios te enseñan cosas en su momento, claro: en el colegio (al menos a mi me lo enseñó una profesora) es lo de “la regla de oro: no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Bastante buena, pero aún así no totalmente correcta, porque precisa demasiado el hecho de que a todos nos gusta o no nos gusta lo mismo (la gran parte de las discusiones suelen empezar por un malentendido).

Por otro lado, esta búsqueda está relacionada con el “instinto” versus “racionalidad” de los seres humanos, pues el instinto no hay que negarlo, hay que controlarlo para poder aplicar estos valores antes de actuar precipitadamente y… cagarla.

Entonces uno empieza a preguntarse, tras ver bastantes películas del oeste, por cosas como el honor. El honor es algo que por desgracia hoy día se está perdiendo, parece que no está de moda. La moda de hoy en día es la crítica, pocas veces constructiva, y el morbo por la desgracia ajena está presente en varios medios. Nos gusta ver a la gente discutir. La gente miente sin ningún problema. La gente se emborracha para pasarlo bien. No hay ese antiguo honor que uno podía ver en una orden de caballería; se ha perdido en las acciones de nuestros días. Parece que casi todo el mundo esté vendido al mejor postor.

Vamos, que le puedes meter mano al asunto desde mil ángulos distintos (educación, actuación del estereotipo de “héroe”, diferentes culturas, psicología humana…) sin llegar nunca a una conclusión.

Hay mil ejemplos de filosofías y valores. Uno de los que más me atrajeron al principio son los valores del bushido, los cuales, a pesar de ser un poco fuertes, iban bastante a tono con mi forma de ser.
Hay otras virtudes, como las cardinales o las teologales, tras todo lo cual acabas con un batiburrillo de palabras en la cabeza. ¿Hay que tener templanza? ¿Caridad? ¿Fortaleza? ¿Coraje? ¿Benevolencia? ¿Honor? ¿Fe? ¿Seguir la regla de oro? ¿Tocarse los huevos a dos manos?
¿Qué atributos morales poseería un hipotético ser humano en perfecta armonía consigo mismo y con lo(s) de su alrededor? ¿Es siquiera posible?

La respuesta yo siempre la había tenido en la cabeza, quizá, más o menos (y sólo al final del artículo descubriréis porqué, muahaha), pero nunca había podido escribirla o sintetizarla, transmitirla o pensar en ella de un modo consciente. Hasta un día en el que estaba con una persona por la que siento respeto y cariño, hablando de algo parecido a esto (cosa que no se puede hacer con cualquiera sin que bostece, por cierto…)
No recuerdo cómo empezó la conversación, hará ya 5 años por lo menos… quizá también a partir de los valores que transmiten las (algunas) artes marciales y tal. Tras un poco de cháchara por mi parte, me miró con cara inocente y me soltó:
“Hay que ser fuerte… y hay que ser bueno“.
Y punto.

Mi primera reacción ante algo tan simplista fue de negación, porque en mi opinión ahí faltaban cosas. Pero cuando intenté rebatirlo, me di cuenta de que ahí estaba todo lo necesario, me faltaban palabras para llevarle la contraria (yo mismo me rebatía los argumentos que encontraba en mi cabeza al instante).
Y era la respuesta que me podría haber dado un niño pequeño.

Cuando estaba empezando a maravillarme por aquellas dos palabras tan simples y fáciles de entender, mi mente (que ya he comentado que es inquieta creo…y quizá algo más complicada de lo que debería) empezó a decirme que no lo aceptara sin más, que intentara rebatirlo. Así soy… antes de aceptar algo intento rebatirlo con cualquier ocurrencia, excepción o situación anómala donde aquello no encajara.
Para ello, intenté coger algún concepto totalmente deseable en una persona y que no estuviera ahí dentro. No pude.

Fuerza y bondad son dos conceptos que engloban todo, absolutamente todo. Ahí lo tenía. Y cualquier otra cosa, cualquier concepto:
A) Es absorbido por uno de esos dos, siendo un subtipo o particularidad.
B) Depende de un atributo que no puedes cambiar, como la inteligencia. No tiene sentido decir “Hay que ser inteligente” en tanto y cuanto dependa de nuestra capacidad. Si no se puede cambiar, es absurdo como valor humano. Es más genético… o circunstancial. Otra cosa es ser sabio o intentar mejorar dentro de nuestros límites, cosa que viene impuesta por una fuerza, en este caso la de la voluntad. Otro ejemplo es la economía del individuo durante su educación infantil, por ejemplo, o el tipo de padres que tenga. No depende del individuo, de modo que “hay que tener recursos” o “hay que tener una buena educación” sólo cobraría sentido si el individuo puede hacer algo para cambiarlo, siendo normalmente imposible en le etapa más imporante: la infantil. Lo mismo ocurre con la suerte, más allá de buscarla o no buscarla.
C) No tiene utilidad real, no es un elemento deseable.

Para demostrarlo, permitidme coger los de los ejemplos de las webs anteriores y meterlos en alguno de los sacos:
Del bushido:
-Justicia: Depende de la inteligencia, fuerza y bondad a partes iguales. No hay nada en la justicia fuera de eso. Inteligencia para una pena adecuada con el fin de que algo no se repita, fuerza para decidir y aplicar esa pena, bondad para impedir que nos pasemos de la raya…
-Coraje: Es un tipo de fuerza. Un tipo de fuerza de voluntad para ser más precisos. Coraje es saber actuar cuando se tiene miedo, nunca “no tener miedo”.
-Benevolencia: Sinónimo de bondad.
-Respeto: Otra forma de bondad. Respetar a alguien o algo es ser bueno con él o ello en su trato, actuar de forma que se sienta bien en la interacción.
-Honestidad: Es una forma de fuerza. Decir la verdad no es algo fácil siempre. Además, cuando a uno le empujan a una situación en la que no puede ser honesto y respetuoso al mismo tiempo (por desgracia existen personas que te empujan a esta situación), tienes un conflicto de fuerza versus bondad. Y no, no hay un algoritmo para salir airoso de estas situaciones, simplemente hay que buscar maximizar ambas en función de la situación y el individuo.
-Honor: Me es complicado clasificar el honor, reconozco. Es por eso que a veces le doy un trato especial. Cuando pienso, creo que el honor es una mezcla de otras, como la Honestidad y el Respeto, por ejemplo, sumado a una fuerza personal de orgullo que hace aumentar el ego del individuo que cree poseerlo. Por lo que lo definiría como una mezcla de fuerza de voluntad, ciertas partes de bondad y finalmente orgullo, un elemento no realmente necesario.
-Lealtad: No es un elemento deseable más allá de donde la bondad y fuerza te dicten. Según el contexto del bushido no es más que una parte de honestidad, y si ampliamos el significado, tu lealtad solo debe llegar hasta donde el ser “bueno” te dicte. En otras palabras, el lazo que te hace ser leal se mantiene por bondad; a veces, la lealtad no es deseable, y hay que ser fuerte romper el lazo que la creaba. Obviamente, ser desleal sin romper el lazo es lo que no debe ocurrir nunca.
Virtudes teologales:
-Fe: Es un tipo de fuerza realmente. Lo que ocurre con la fe es que te dicen que “algo” te va a ayudar. No es lógico ni tienes por qué conocerlo (nunca lo entenderás de hecho), pero va a ayudarte a que las cosas salgan bien. Es otro de esos conceptos que ayudan a ser fuerte, pero que son prescindibles si ya lo eres. No hay que olvidar que la “fe” se tiene hacia lo que no se puede entender, es una creencia que te ayuda a algo, no hay que confundirlo con “confianza”.
-Esperanza: Otro tipo de fuerza, muy similar a la fe pero sin su contenido místico. La esperanza se tiene cuando las probabilidades de algo buenas son pequeñas. Se podría decir que es lo mismo que intentar ser positivo, una forma de fuerza. En cuanto a tener demasiada esperanza, no es un elemento deseable, porque puede distorsionar la realidad y correr demasiados riesgos.
-Caridad: Un claro ejemplo de bondad.
Virtudes cardinales:
-Prudencia: Es un derivado de la inteligencia, la cual o no podemos alterar por nuestras propias limitaciones, como ya he mencionado, o podemos hacerlo mediante una fuerza de voluntad (el estudio, etc.)
-Justicia: Ídem que en Bushido.
-Templanza: Un claro ejemplo de fuerza, de nuevo, de voluntad. Puede parecer abstracta o algo menos importante, pero realmente lo es, porque “templanza” hace referencia a controlar nuestro primer instinto y actuar racionalmente. Solo decir que en exceso o en algunas situaciones no es deseable, a veces el instinto te saca de algún atolladero.
-Fortaleza: sinónimo de fuerza.

¡Cuidado! No quiero decir que todos estos sistemas, de griegos, japoneses y quien sea, sean malos o incorrectos. Me parecen geniales de hecho y probablemente muy conformes a su época. No obstante esto es mi opinión personal y por ello a mi, para mi, me gusta quitar “lo que sobra” y generar una filosofía muy simple. Es como tallar una roca enorme y encontrar el núcleo sin el que todo lo demás se caería.

Ser bueno y ser fuerte, bondad y fuerza, benevolencia y fortaleza, da igual como lo digas o en el orden en que lo digas. No hace falta más.

Iba a acabar aquí, pero…
Últimamente le he dado vueltas a una idea: quizá se pueda simplificar incluso más. Para llegar a la actual simplificación de dos palabras, uno ha de tener en mente todo lo que éstas engloban o no serviría de nada; pero no dejan de ser dos cosas. Un número que me gusta, el dos (no me voy a poner a hablar ahora de la dualidad de todo, yin y yang, materia y energía, etc. etc., pero por ahí van los tiros), no obstante a pesar de que fuerza y bondad parezcan totalmente distintas, tienen una pequeña asimetría.

Dejad llevaros un poco por esta reflexión:
Un individuo únicamente fuerte, podría ser… un cabrón egocéntrico, por ejemplo. Fuerte, quizá incluso listo, pero irrespetuoso y dado a joder el medio ambiente. Por ejemplo.
Un individuo únicamente bueno, podría definirse como cándido o inocente. Tiene que tener cuidado porque, como no es fuerte, se aprovecharán de él.

Ahora bien.
El fuerte no tiende a hacerse bueno. No lo necesita. Él es un cabrón y punto, no tiene por qué cambiar. Puede hacerlo, pero su situación digamos que puede ser estable.
El bueno, no puede mantenerse sólo bueno durante mucho tiempo. O bien empieza a hacerse un poco menos bueno, algo más cabrón, o bien empieza a hacerse fuerte.

En otras palabras: necesitas ser fuerte para ser bueno. Pero no necesitas ser bueno para ser fuerte. Esa es la asimetría.

Y lo que comentaba de que es posible, quizá y sólo quizá, simplificar aún más, es porque, si de igual manera que ser fuerte implica justicia u honestidad, el ser bueno implica fuerza, entonces quizá podamos eliminar también la fortaleza. Obviamente es distinto, no es un subtipo de bondad, pero bondad implica fuerza de un modo… cronológico. No durarías mucho siendo sólo bueno.

Además, bondad para con uno mismo, que no hay que olvidarla, significa hallar la felicidad. Vamos, divertirse.

Y toda esta sarta de gilipolleces que nunca te quitaron el sueño (o complicados conceptos filosófico-morales, lo que prefieras) arriba expuestos, me conducen a pensar en una cosa que engloba todo:
“¡Diviértete y pórtate bien!”

Hay que joderse. Sí, lo has reconocido, lo sé. La respuesta, desde que naciste, te la lleva diciendo tu madre.

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