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Modelos del bien y la venganza

Para mi siempre ha estado muy claro lo que está bien y lo que está mal. Básicamente, cuando haces algo que potencialmente haga sentir mal a alguien, está mal. Cuando haces algo que potencialmente hace sentir bien a alguien, está bien. Lo destructivo está mal. Lo constructivo está bien.

Con esta definición tan de sentido común, me sorprende cuando en algunas conversaciones ha llegado alguien y me ha dicho “es que lo que está bien o lo que está mal es tan relativo…” Vamos no me jodas. Está claro lo que está bien y lo que está mal. Lo que no está claro es si hacer algunos males está justificado o se puede considerar humano o aceptable.

Lo mejor es que ponga algún ejemplo. Digamos que tienes la mala suerte de cruzarte con un tipo pirado que ante la frustración de no encontrar más de 10 euros en tu cartera se lía a navajazos contigo y tu familia, con tan mala suerte que se carga… digamos, a tu mujer y a tu hija.
Me voy directamente a este caso extremo porque es en los casos extremos donde se muestra la valía de cualquier afirmación.

Veamos, ¿dirías que está bien matar a esta persona?

No. No está bien matarla. Puede satisfacerte, puede parecerte justo, pero bien no está. Yo lo haría con toda probabilidad, pero no podría afirmar que estuvo bien.

Es un caso donde operamos sobre una base que no está bien. Es decir, que un código de conducta bueno funciona muy bien sobre un contexto donde abundan los códigos de conducta buenos. En cuanto te topas con algo totalmente opuesto a lo que consideras el bien, como un asesinato de alguien muy querido, estás fuera de un contexto civilizado.

Ahí entra el instinto animal. Son tus ganas de venganza las que te van a llevar a actuar de una manera o de otra. Y esas ganas de venganza son tuyas y solo tuyas por lo que,  en este ejemplo, tu definición de qué está bien o no está alterada con respecto a la de los demás. Si caes en lo típico de que “lo que está bien es lo que es justo”, entonces está claro que lo único que puedes hacer no es matarle: es matar a toda su familia.

Vamos a dejarnos de tanta sangre y destrucción aquí para centrarnos en una conclusión: es únicamente el individuo afectado (y nadie más) el que decide hacer una acción que se sale de lo que está “bien”, como “venganza” o “justicia”. De esta frase tan obvia, surgen dos problemas muy grandes en los que me voy a centrar en las siguientes líneas:
1) ¿Es correcto un sistema que modelice el bien en el que individuos no afectados por el delito toman la decisión de matar, y matan, al asesino?
2) ¿Hay alguna diferencia entre la justicia y la venganza?

En el primer punto me refiero claramente a sistemas penales que incluyen la pena capital. Condenar a alguien a muerte.
Personalmente soy un fuerte opositor a la pena de muerte. Curiosamente, apoyo la decisión del afectado de matar al asesino. ¿Por qué? Muy sencillo: para mi, el famoso corredor de la muerte o cualquier cosa parecida me parece deleznable, aborrecible en una sociedad civilizada. Da pena ver aplicada la inventiva humana en servicio de la originalidad a la hora de quitar la vida. Y no me parece mucho más civilizada la inyección letal que la muerte por mil cortes.

Entendería que cualquiera que leyera estas líneas pensara que no tiene mucho sentido o que me contradigo, al ser opositor de la pena de muerte pero estar a favor de llevar a cabo una venganza personal que implicara la muerte. Es muy sencillo: una venganza es en caliente. La famosa frase de “La venganza es un plato que se sirve mejor frío” es de lo peor que he oído jamás. Porque es sólo en caliente donde podría estar justificado (por tus sentimientos). En frío, solo cabe el perdón. Y que otros señores lleven a cabo la venganza, bajo el nombre de “justicia”, en frío, parece civilizado pero es la antihumanidad personificada y bien maquillada.

“Vamos a matarte de forma civilizada”. Te matan con educación. Solo les falta peinarte y ponerte guapo. Además, lo hace un tío al que no has hecho nada. Ni siquiera eso: en la silla eléctrica, hay 3 señores que activan 3 interruptores (o fue así durante mucho tiempo). Ninguno sabe qué circuito activa la silla. Eso significa que cada uno tiene el 33% de probabilidades de ser el auténtico verdugo. Son verdugos virtuales. Esta especie de manía de permanecer impolutos, puros y castos mientras te están matando me parece aborrecible. Si tienes que matar a alguien, hazlo mirándole a la cara. Ten un par de cojones. Vive con ello.

Pero claro esto nos lleva al problema de que esa persona -el verdugo- no decidió matarle. Esa persona está haciendo un trabajo -de mierda- que un señor juez, vestido para la ocasión, decidió desde lo alto de un tribunal de madera lacada, muy cuco todo, que debía ser hecho. Y el juez probablemente solo esté haciendo lo mismo que otro hizo, o aplicando una ley o, en caso de jurado popular, haciéndole caso a la plebe (cuya sabiduría como mínimo queda en entredicho… por no decir que la mayoría no tendrán ni puta idea de lo que ha pasado).
Esto nos mete de lleno en el problema del sistema judicial como intento -tristemente paródico- de formalizar o estandarizar el bien. Pero de eso hablaré más adelante. Aquí, la conclusión que quería extraer del punto 1), es que de ninguna forma está bien, ni siquiera es justo, que un grupo de personas decidan que otra debe morir, en frío, donde ni pinchan ni cortan.

Sobre el punto 2). La respuesta es muy sencilla: no. No hay ninguna diferencia entre la venganza y la justicia. Me la suda lo que diga el diccionario. Me da igual lo que diga el más sabio de los sabios. Cuando tú quieres justicia, lo único que quieres es una forma de venganza. Y punto. Lo que pasa es que quieres aplicar unos “estándares de venganza” en los que ese país se ha puesto de acuerdo.
Un posible contra-argumento es que el objetivo de la encarcelación, por ejemplo, es la reinserción. Vale. Entonces, ¿qué cojones significan la cadena perpetua y la pena de muerte? ¿Reinsertarles dónde, en el infierno?
Para mi, si un individuo debe resarcir a la humanidad tras un crimen atroz, éste debería ser condenado a trabajos forzados. Me sorprende que apenas se use esto y que se vea como algo bastante malo. Si un individuo es peligroso, de acuerdo en que deba permanecer encerrado: pero haciendo algo. No viviendo a costa de los impuestos. Y siempre intentando reinsertarle. Nunca es tarde, o es un enfermo mental.
Todo lo demás fuera de aquí, es pura venganza.

Ahondemos ahora sobre la venganza. Yo apoyo la venganza. Soy consciente de los problemas inherentes a ella (con el ojo por ojo todos acabamos ciegos…), pero me parece mucho más justa que cualquier sistema establecido, porque nadie debería decidir por mi si el que me quitó la familia debe morir o no. Considero que debe ser una decisión mía.
No me importa equivocarme o si había motivos ocultos que desembocasen en que era lógico hacerlo (cosas que en teoría se desenmañarían en un sistema judicial). Creo que fue en el primer libro de Juego de Tronos, donde leí que “si crees que alguien debe morir, debes matarlo tú mismo. De lo contrario quizá no se lo merezca”. Me parece todo un acierto, a pesar de que he intentado razonar en contra de una frase tan simple… sin éxito.

Personalmente, incorporaría ambas cosas para una pena tan grande como la capital: primero, un sistema judicial. Segundo, si la decisión de pena capital se lleva a cabo, el principal afectado o afectados decidirían si realmente quieren que se lleve a cabo. Se la haría firmar, concretamente en un papel donde se especificase que además el afectado tendría que quitarle la vida al condenado. Que quedase constancia. Finalmente, en cuanto al sistema de quitar la vida, no entiendo por qué los seres humanos necesitamos tanta imaginación. Creo que somos unos morbosos. Yo simplemente clavaría algún tipo de hoja en alguna vena del condenado especialmente expuesta, de modo que muriera por desangrado. No es un tipo de muerte especialmente dolorosa. Decididamente, presenta menos problemas que el aún usado método de la silla eléctrica (menuda payasada de método). En cuanto a la sangre que inevitablemente llenaría todo, bueno, es parte del proceso. Si crees que la persona ha de morir, enfréntate a ello. Aquí lo hacemos con los toros y los pobres no han hecho nada.
Quizá una mejor decisión sería la inyección letal, puesto que parece la menos dolorosa. Pero los afectados serían los que mirando a los ojos del reo aplicaran la pena (y por supuesto, ahí también estaría el juez). Si no pueden llevarla a cabo con entereza, se le perdonaría la vida y se le aplicaría algún tipo de condena secundaria.
Claro, esto presenta otros problemas. ¿Qué pasa si el tío se ha cargado a una familia entera y ya no quedan principales afectados? Bueno, en ese caso, debería ser el juez el que hiciera el trabajo sucio. Solucionado. ¿Decides que hay que quitarle la vida a alguien? Pues hazlo. No lo digas y te vayas a casita.

Con esta visión se arreglan dos cosas: primero, se evitarían muchas penas capitales. Estoy seguro de que mucha gente no sería capaz de hacerlo. Esto incluso les vendría bien, porque es un ejercicio -muy duro- de “perdón”. Perdonar a alguien es un ejercicio sano, incluso en casos así.
Si por otra parte el afectado decide seguir adelante con la pena capital, se evita esa burocracia hipócrita y estúpida de “Ay le matas tú, ay no, le mata él”. Uno es el afectado, otro acusa, el jurado popular vota, otro dicta sentencia, y luego tienes una tercera parte de potencial verdugo que aplica la sentencia en una silla que fríe al acusado, si no falla. Pero señores, ¿qué payasada es esta? Mátale tú mismo. Lo que quieres es venganza, no justicia, no te engañes.
Si como decía has seguido adelante, deberás vivir siempre con ello. Deberás recordar la cara y reacción del reo cuando le estabas matando. Deberás estar ahí hasta el final y debería quedar constancia de ello en tus antecedentes. Elegiste la venganza en lugar del perdón: bien. Apechuga.

Aclarado mi punto de vista sobre estas cosas, me gustaría que reflexionáramos sobre los intentos de modelización del bien. Esto os va a encantar. Hay dos intentos totalmente fallidos de modelización y estandarización del bien: la ley y la religión. Como lo mejor hay que dejarlo para el final, empecemos por la ley.

La ley es la cosa más enmarañada y más compleja… y más llena de excepciones… y más vulnerada de todas las cosas que se han escrito alguna vez. Es una pena, porque yo estoy de acuerdo en que ha de haber una ley (las alternativas conducen a peores resultados) pero la cuestión es que la ley apesta. Está hecha como el culo. Estoy convencido de que ninguna ley es buena cuando un proceso judicial dura meses o años. No puede ser buena. Algo fundamental falla. Si estableces reglas y esas reglas te hacen dudar hasta el punto de que necesitas pensar bien todo durante años es que tus reglas son una puta mierda, perdona. Claro, no he estudiado el tema y mi opinión puede ser la de alguien que no tiene ni idea. Pero sé pensar en sistemas complejos. Todo es un sistema, la vida, una página web, el universo y la ley. Son sistemas que actúan conformes a reglas para evolucionar y salir adelante. Y como algo sé de sistemas, insisto en que el judicial y todas las leyes dan pena. Por desgracia, no puedo decir nada constructivo, lo cual va en contra de mi forma de hacer las cosas.

Pero ha de haber una ley. Sin ella, estaríamos en el caos, y ya sabéis, como formas de vida intentamos organizaros y aumentar nuestro estado de orden a todos los niveles. La ley es algo necesario e inevitable. Si mañana todos amaneciéramos sin ley en nuestras cabezas y todas sus manifestaciones (escritas, como sea) se borraran, de forma natural surgirían convenios para actuar de una forma ante cierta situación. Al final, se montaría otra ley (probablemente mejor que la actual).
Lo que quería poner de manifiesto, es que la ley es un intento fallido de modelización del bien. La ley intenta que no hagamos el mal dictaminando las venganzas que se llevarán a cabo de la forma más educada y enreversada posible. Eso y solo eso es la ley. Lo cual, bueno, no está mal si no fuera tan enreversado y aceptamos que somos seres básicamente vengativos, en lugar andarnos con tanto eufemismo.
Obviamente, no está bien matar a alguien de buenas a primeras. La ley lo penaliza, lo cual está bien, es un logro como especie. Pero cuando entra en temas económicos y políticos, se pone de manifiesto que la ley tiene un fallo de base grandísimo: los que más cerca están a ella más se la saltan. Los que están en una posición más ventajosa, políticamente o económicamente hablando, son los que más recovecos encuentran en las leyes: otro fallo que la separa del “bien”.

Hay algo, no obstante, que intenta también modelizar el bien. Algo increíblemente sorprendente y potente que, a pesar de que todos sabemos que es una absoluta patraña, funciona mejor como sistema: la religión.

La religión es fascinante. La religión ejerce poder sobre los individuos basándose en el miedo a lo inexistente. Basándose en la utilización de lo desconocido. La religión es un popurrí absurdo que insistimos en creer. Permitidme desgranar todos estos dardos que estoy lanzando…
Ejerce miedo basandose en lo inexistente y lo desconocido. Esto es tan obvio como decir que si pecas irás al infierno.
Es un popurrí porque, además de establecer un código de conducta en pocas líneas, encima te pretende explicar cómo se creó el mundo, cuando una cosa no tiene absolutamente nada que ver con la otra.

¿Me puede alguien explicar qué cojones tiene que ver la creación del universo con el hecho de que los humanos debemos tener cierto código moral? No, primero porque no permito comentarios y segundo porque no tiene nada que ver.

Por otra parte, se basa en mentiras. Así, tal cual. Unas te dicen que una señorita se quedó embarazada sin intervención de varón (lo cual es falso o estaríamos ante el primer caso humano de hermafroditismo autofecundativo, como las tenias), otros que si te matas por tu religión irás a un lugar mejor… en fin no voy a ahondar porque me daría para escribir un libro. La cuestión es que la religión nos insta a creer en mentiras e intenta usar el miedo humano hacia lo desconocido para contarnos historias fabulosas de que iremos a un jodido jardín en el cielo y que corretearemos desnudos y felices en la siguiente vida si en esta somos buenos.

¡No solo eso! Por si no habéis visto antes el enlace al sistema penal, aquí lo tenéis. Esto y la constitución, son miles de páginas para un código de conducta que se aplica ¡solo en un país! Y aún faltarían muchos documentos para completar todo.
A la religión todo esto se la pela. La religión te dice que con 10 frases ¡está todo solucionado, hombre, no para un país, si no para todo el jodido mundo! Como no quiero mancillar mi blog os lo pongo en otro link. Y si violas alguna de estas frases, se lo cuentas a un cura ¡y siempre te perdona!

Y ahora viene lo mejor de todo: funciona. Esta jodida basura funciona. Los seres humanos preferimos las cosas sencillas. Un ateo muy inteligente y liberal tiene a priori más probabilidades de hacer el mal que un religioso católico practicante, por muy ciertas o falsas que sean las bases sobre las que obra cada cual.
Menudo mundo señores. La única conclusión que puedo extraer de todo esto es que aún estamos en pañales. Aún no hemos crecido. No nos gusta asumir la responsabilidad de que nosotros debamos perdonar porque es lo mejor para la sociedad: debemos perdonar porque es lo que un señor mayor con barba llamado Dios haría.
No nos gusta aceptar que hay que dar limosna para intentar acabar con la pobreza: la damos porque de no hacerlo podríamos ser mal cristianos y podríamos ir al infierno.
No somos capaces de reflexionar, todas las noches, en nuestras camas sobre las cosas malas del día y llegar a una conclusión positiva. No somos capaces: si hemos discutido con alguien, seguiremos dándonos razones para pensar que teníamos razón, preparándonos para la batalla del día siguiente. Sólo rezando y pensando en qué haría alguien llamado Jesucristo (o equivalente) algunas llegan a perdonar y a dormirse con una conciencia plenamente tranquila.

Así pues, la mayoría de la población es o bien espiritualmente destructiva, egoísta y plenamente consciente de cómo funcionan en realidad las cosas (racionales), ó… bien son individuos algo más creyentes, quizá crédulos, pero mejores personas a la postre.
Solo un pequeño subconjunto se salva. Aquellos que tengan la suficiente inteligencia emocional y empatía con el resto de humanidad para amarla sin necesidad alguna de religión, y capaces de hacer lo que consideran el “bien” sin que ningún sistema preestablecido se lo tenga que contar. Personas que además comprenden el mundo y al resto de personas como parte de un todo. Llega un momento en el que a través de la ciencia uno puede llegar a ver patrones incluso para el “bien”. Porque si la vida implica mayor entropía, y un acto de maldad es algo que es destructivo (aumenta la entropía), de forma natural el que hace el acto de maldad tendrá una ventaja a la hora de acometerlo (es fácil destruir o aumentar la entropía) pero al estar metido de lleno en un sistema complejo que intenta reducir la entropía localmente, estará yendo en contra de sí mismo. El sistema lo anulará (en este ejemplo, aislándolo del resto del sistema a través de la encarcelación, o matándolo).

Algo que deben entender este tipo de personas, es que cualquier tipo de violencia vulnera el funcionamiento básico de nuestra realidad, a la larga. Agredir a cualquier persona es agredir parte del Todo. La ley o “el sistema” solo es una pequeña parte de los sistemas complejos naturales que se originan en la realidad, en el universo.

Y no puedes vencer al universo.

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