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Volviendo a escribir

Creo que el título es bastante claro.

Esto no pretende ser más que un blog donde iré poniendo algunos pensamientos. Igual me dura años que semanas. Así que no esperes gran cosa.

No podrás poner comentarios. Verás, no es nada personal, pero por mi pasada experiencia, los comentarios no me aportan prácticamente nada. Hay básicamente 4 tipos de comentarios:

1) Los estúpidos. Lidiar con estos equivale a intentar enseñarle física relativista a un procariota: es una pérdida de tiempo.

2) Los interesantes que dicen lo mismo que yo o me apoyan o me felicitan o me adulan o etc: Vale, ok, gracias, de nada, no hay de qué, sí a todo. (Aunque no lo parezca, de corazón).

3) Los interesantes que argumentan lógicamente en contra u ofrecen un punto de vista alternativo: ojalá todos sumados llegaran al 1% del total. En tal caso, los permitiría.

4) Los que se van por las ramas y acaban hablando de otra cosa, con sentido o no, que acaban siendo más largos que el propio post: Vale tío. Hazte tu propio blog.

Así que, si algún amigo quiere comentarme algo, lo puede hacer perfectamente a través de Twitter o Facebook, donde spamearé la mar de contento mediante algún sistema automático cada vez que se publique algo aquí. A los desconocidos, lo siento. Pero si son listos y les interesa se las arreglarán para contactar conmigo.

Además, voy a escribir historias. De ciencia ficción. Tengo algunas medio empezadas, pero por falta de tiempo no he seguido con ellas. Gracias a una ligera reorganización de mi vida, poseo algo más de tiempo libre. Algunas, no muchas, quizá las publique en otro blog… ya veremos. Ficción y realidad hay que mantenerlas separados, hasta en distintos blogs si es necesario.

Así que nada. Tanto si me conoces como si no, espero que, si lees algo, te haga pensar, como mínimo. No confundas mi forma directa de escribir con mala educación. Las cosas que ves aquí son tal cual pasan por mi cabeza, sin ese filtro consciente de “eh, que estás escribiendo algo que es potencialmente leído por fulano o mengano, sé educado, usa eufemismos”. No. Me da igual.

Qué gusto da teclear de nuevo. Hacía tiempo que no aporreaba las teclas con esta velocidad, acostumbrado que estoy a tener que hacerlo en otro idioma en mi día a día. Cuando uno escribe, en realidad hace un ejercicio bastante útil para consigo mismo, un ejercicio de sinceridad. Una sinceridad provista de la justa emotividad.

Cuando escribo, no tengo problemas para decir lo que pienso. Tampoco temo herir a nadie por alguna afirmación contundente. Y si pienso que puedo estar haciéndolo, puedo borrarlo, y nunca será visto. Nunca habrá existido, no podrá comenzar ningún efecto mariposa, más allá de hacerme perder unos segundos y lo que conlleve. Las emociones se aplanan. Lo que te hace sentir enormemente feliz se ve desde un punto de vista algo superior, al igual que lo que te hace infeliz. Escribir es un ejercicio tremendamente útil. Es una actividad creativa, en la que plasmas algún tipo de información en algún tipo de medio (cosa que, aunque suene estúpida y obvia, no puede hacerlo ningún otro ser vivo: crear y dejar constancia de ello en el tiempo). Claro, la información puede ser una auténtica bazofia, o no. Puede estar bien escrita sintáctica y semánticamente, o no. Puede hacerte pensar, o no. Pero en cualquier caso, te permite conocerte mejor a ti mismo, sea lo que sea lo que los demás opinen de tu escrito. Quizá por eso lo hago. Quizá por eso no permito comentarios. Porque escribo para mi.

O quizá no. Porque si no, no lo publicaría. Quizá me considere uno de esos capullos que piensan que tienen la verdad absoluta, y que te empiezan a comer la cabeza con sus interesantísimas (¡por supuesto!) historias y sus absolutamente incuestionables argumentos. Quizá necesite un lugar donde plasmarlo, ya que no lo haga en mi día a día por una cuestión de la humildad más básica.

Nunca podré estar seguro de lo que hay detrás de mi subconsciente, que para eso es subconsciente. Pero saliendo de cuestiones filosóficas y psicológicas, lo cierto -y práctico- es que uno puede escribir lo que quiera, y debe escribir lo que quiera siempre y cuando haya un mínimo de educación para con sus semejantes.

Aquí acaba mi primera entrada. Podría darle un giro a las cosas, terminar con una pregunta, usar alguno de los mil recursos que hay para hacer interesante un escrito. Pero cuando uno escribe lo que le pasa por la cabeza, las cosas terminan así: sin más.

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